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Bienvenidos al pasado

Hernando Gómez Buendía

03 de mayo de 2026 - 12:06 a. m.
“Tres candidatos lideran las encuestas, y los tres, cada uno a su manera, proponen un regreso. No elegimos futuro, sino pasados”: Hernando Gómez Buendía.
Foto: El Espectador
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Colombia se prepara para elegir presidente mirando hacia atrás. Tres candidatos lideran las encuestas, y los tres, cada uno a su manera, proponen un regreso. No elegimos futuro, sino pasados.

Iván Cepeda ofrece el pasado de las víctimas. Su perfil no es el de un administrador o el de un cacique electoral sino el de un denunciante: crímenes de agentes estatales, paramilitarismo, memoria histórica. Su programa prolonga la “paz total” y las reformas de Gustavo Petro, con énfasis en reparación, justicia y redistribución. Es un pasado moral: el país visto desde sus heridas, donde el Estado no es árbitro sino victimario. La promesa es justicia; el riesgo es gobernar mirando por el retrovisor.

Paloma Valencia propone otro retorno: el de la seguridad y el orden. Su campaña gira en torno a reemplazar la “paz total” por una “seguridad total” y a recuperar el liderazgo de Álvaro Uribe, a quien incluso ofreció como ministro de Defensa. Pero ese regreso no se detiene en los años 2000. Su discurso retoma banderas más antiguas: familia y religión tradicionales, autoridad y achicamiento del Estado. Es, en el fondo, una combinación del uribismo reciente con un conservadurismo más antiguo. La promesa es orden; el riesgo es reducir el país a una versión más estrecha de sí mismo.

Abelardo de la Espriella completa el tríptico con un pasado importado. Su discurso es de mano dura, militarización, cárcel, patria y religión evangélica. No mira tanto a Colombia como a otros países: el trumpismo, el bukelismo, el mileísmo, el noboísmo, cuatro añoranzas simplistas de pasados que no fueron. Es una política de emociones fuertes y soluciones simples, donde el Estado se vuelve instrumento de castigo. La promesa es eficacia; el riesgo es el autoritarismo.

Tres pasados, tres promesas, tres riesgos. Lo notable es que el futuro no aparece. Ninguno de los tres habla de productividad, de educación en serio, de ciencia, de Inteligencia Artificial, de inserción en una economía global que cambia más rápido que nuestras discusiones. El país debate sobre culpables, enemigos y nostalgias, mientras el mundo sigue avanzando.

Tal vez no sea casual. El pasado ofrece certezas: víctimas y culpables, orden y desorden, amigos y enemigos. El futuro, en cambio, exige imaginación, cálculo y moderación, y eso vende menos. Por eso los candidatos exitosos miran al pasado.

Lo malo no es que miren al pasado. Es que usen esos pasados para que no tengamos que pensar en el futuro.

* Director de Razón Pública.

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