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Elecciones: lo mismo de siempre

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Hernando Gómez Buendía
22 de marzo de 2026 - 05:06 a. m.
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Todo indica que Iván Cepeda llegará a segunda vuelta. La pregunta es cuál de las dos derechas lo enfrentará: la derecha cerril de Abelardo de la Espriella o el uribismo disfrazado de centro de Paloma Valencia.

Pero detrás de los nombres hay algo más profundo: Colombia sigue girando alrededor de la guerra que ha marcado su política durante más de medio siglo.

—El padre de Álvaro Uribe fue asesinado por la FARC, y Uribe es lo que es gracias a las FARC. Su liderazgo nació del fracaso del proceso del Caguán. Esa guerra lo llevó al poder y organizó todo su proyecto político.

—Uribe escogió a los dos presidentes siguientes. Santos rompió con él al firmar la paz con las FARC; Duque dedicó la mitad de su gobierno a tratar de frenar el Acuerdo de la Habana. Pero ambos fueron herederos de Uribe.

—Petro se debe al M-19 y llegó a la Presidencia gracias al mal manejo del gobierno Duque al estallido social del 2021. Sin ese gobierno, la izquierda no habría llegado a la Presidencia.

Ahora estamos viviendo un nuevo capítulo del mismo drama:

—Iván Cepeda es hijo de Manuel Cepeda, senador del partido surgido de las FARC y asesinado por dos miembros del Ejército. Durante tres décadas, ha sido la figura central del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado. Su triunfo en la consulta del Pacto Histórico se debió precisamente a que, por esos días, había logrado que una jueza condenara a Uribe a doce años de prisión domiciliaria.

—Paloma Valencia fue escogida por Uribe como candidata del Centro Democrático, pese a las protestas de María Fernanda Cabal y Miguel Uribe Londoño. Encabezó la oposición a la JEP y a la “paz total”, y en todas partes habla de “mi presidente Uribe”, su mentor, el hombre al que quisiera tener como vicepresidente.

—Y ni qué hablar de Abelardo de la Espriella, el superhombre que quiere salvar la patria, ponerse el uniforme y enterrar para siempre la amenaza del “castrochavismo”.

Pasan las generaciones, cambian los candidatos, los discursos y las formas, pero el país sigue apresado en las heridas de una guerra criminal e inútil. Igual que habíamos hecho durante medio siglo, los colombianos seguimos divididos entre dos bandos irreconciliables:

—Los que ven y sienten y repudian con razón los crímenes atroces de las FARC y del M-19; —Y los que ven y sienten y repudian con razón los crímenes atroces de los paramilitares y agentes del Estado.

Nadie que condene a los unos y a los otros en exacta proporción al número y atrocidad de sus crímenes. Por eso, a pesar de los cambios, seguiremos viviendo de justicias injustas e incurables rencores.

* Director de Razón Pública.

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Marco Posada(53341)Hace 9 minutos
El resentimiento y rencor que causa la violencia y un conclicto nunca desaparece. Puede que se transforme, pero el odio nunca desaparece. El país de la venganza.
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