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Venezuela: nadie manda

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Hernando Gómez Buendía
11 de enero de 2026 - 05:06 a. m.
“La captura de Nicolás Maduro no clausuró una etapa ni abrió una transición: fue un salto al vacío”: Hernando Gómez Buendía.
“La captura de Nicolás Maduro no clausuró una etapa ni abrió una transición: fue un salto al vacío”: Hernando Gómez Buendía.
Foto: EFE - Stringer
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La captura de Nicolás Maduro no clausuró una etapa ni abrió una transición: fue un salto al vacío. Y en ese vacío no hay un proyecto ganador, sino tres proyectos incompatibles. Ninguno puede imponerse sin recurrir a la fuerza, pero ninguno dispone de la fuerza suficiente.

El primer proyecto es el de Donald Trump. Parte de una idea simple y equivocada: que el poder se puede ejercer a distancia. Presión militar, control del petróleo, amenazas explícitas y ningún compromiso de ocupación: Trump no está dispuesto a enviar cincuenta o cien mil marines a Venezuela porque si lo hace perderá el apoyo de su base electoral, campesinos, veteranos y obreros que ponen los muertos en las guerras extranjeras.

Pero el poder real no consiste en intimidar desde afuera, sino en imponer reglas todos los días. Sin presencia territorial ni administración directa, ese proyecto puede castigar, pero no gobernar. Puede desorganizar el sistema, pero no reemplazarlo. Trump confunde la represión episódica con la autoridad política.

El segundo proyecto es el de la oposición democrática. Tiene legitimidad electoral, validez moral y apoyo internacional. Carece, sin embargo, del control efectivo de las armas. Supone una transición sin Ejército, una obediencia espontánea de los mandos militares o una protección extranjera que nadie quiere asumir abiertamente. Es un proyecto correcto en el papel, pero desnudo en la práctica. La historia latinoamericana es clara: la legitimidad sin fuerza no gobierna, se limita a protestar desde el exilio.

El tercer proyecto es el del chavismo sin Maduro. No promete reconstrucción ni salida: promete resistencia. Se apoya en el nacionalismo activado por la intervención extranjera, en la dispersión del poder armado y en la administración del miedo. No pretende restaurar el Estado, sino sobrevivir dentro de su descomposición. No aspira a mandar, sino a impedir que otros manden. Su lógica no es la del orden, sino la del control fragmentado.

Estos tres proyectos se anulan mutuamente. El proyecto de Trump supone sumisión sin tropas. El proyecto opositor supone transición sin Ejército. Y el proyecto chavista supone resistencia sin legitimidad. Ninguno de los tres es viable. Y como ninguno puede imponerse políticamente, todos empujan —directa o indirectamente— hacia la fuerza. Pero esa fuerza no está centralizada. No hay mando único, ni frentes definidos, ni guerra civil clásica. Lo que emerge es algo más corrosivo: violencia intermitente, localizada y administrada. Choques entre facciones, represión selectiva, control armado de territorios, criminalización de la disidencia. La violencia no estalla: se instala. No resuelve: se reproduce.

Ese es hoy el escenario más probable para Venezuela. No porque alguien lo haya elegido, sino porque nadie puede evitarlo. Y esto apenas alarga la ya larga tragedia del país hermano.

* Director de Razón Pública.

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Mario Giraldo(196)12 de enero de 2026 - 03:21 a. m.
Este escrito sobresale sobre la gran mayoría que han tratado de interpretar la realidad de Venezuela. Queda una alternativa: Una combinación de las 3, con un chavismo coordinando con poderes extranjeros dándole espacio a la oposición. Sin embargo necesita una oposición que se oponga menos y en lugar de seguir buscando el mundo ideal (el de MaCorina), se concentre en producir el mundo posible.
Camilo Sandoval(53341)12 de enero de 2026 - 01:02 a. m.
Control territorial por los actores más violentos: las Farc y el ELN son expertas en eso.
jaad(mmi7o)11 de enero de 2026 - 10:11 p. m.
Acertado análisis
Luis Carlos Cortés(m2w9y)11 de enero de 2026 - 05:38 p. m.
Magnífico y pragmático su análisis Sr. Gómez. Desafortunadamente no se espera lo mejor para el sufrido, otrora floreciente, pueblo venezolano.
CARLOS BARRGAN(lcggj)11 de enero de 2026 - 04:55 p. m.
Buena reflexión, HERNANDO. Cayó el dictador, MADURO, pero aún se mantiene "vivo y coleando" el régimen chavista, su estructura política, económica y militar, aún está lejos de ser desmembrada, incluso no es descartable que, finalmente al pueblo venezolano, le termine resultando peor el remedio que la enfermedad. "Amanecerá y veremos, dijo el ciego".
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