El ministro de Justicia tiene toda la razón: las cárceles de Colombia son un enorme fracaso. Tenemos que remediarlo.
Basta leer alguna crónica periodística o visitar una cárcel para captar la magnitud de la tragedia: decenas de personas enjauladas en celdas o apiñadas en patios de cemento, que pasan el día sin hacer nada, no tienen privacidad, comen pésimamente, usan baños nauseabundos, tienen que pagarle al guardia para usar un celular y están expuestas a la brutalidad de los matones de turno.
Con variaciones de grado, esa es la vida diaria de 97.840 hombres o mujeres detenidos en centros penitenciarios, y la de otras 21.000...
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