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Los dos Petros

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Hernando Gómez Buendía
22 de febrero de 2026 - 05:06 a. m.
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Gustavo Petro tiene dos caras. La primera es conocida y ruidosa: el Petro agresivo, dogmático y autoritario; el que convierte cualquier crítica en provocación y cualquier desacuerdo en conspiración. Este Petro es un problema de carácter.

La segunda es menos visible, pero más decisiva: el Petro convencido de encarnar al “pueblo”, la nación verdadera frente a una nación falsa, corrupta o ilegítima. Este Petro no es un problema de modales, sino de política.

Reducir todo a la patanería es un error cómodo. Permite indignarse sin pensar y burlarse sin discutir. Sobre todo, evita la pregunta central: ¿qué idea de país está en juego cuando el presidente habla como habla? Porque el tono no es un accidente: es parte del mensaje.

Petro no gobierna desde el desacuerdo, sino desde la clasificación moral. Divide a los colombianos entre quienes son “el pueblo” y quienes lo explotan. No persuade: deslegitima. En su lenguaje, la crítica no es un derecho democrático, sino una forma de traición a la patria.

La oposición ha respondido mal. Ha preferido psicologizar a Petro antes que confrontar su proyecto. Lo llama loco, drogadicto o patán. Tal vez lo sea, pero quedarse ahí es una coartada intelectual. Al reducirlo a su carácter, la oposición se ahorra el trabajo más difícil: disputar el relato de nación. Convertir al presidente en caricatura tranquiliza conciencias, pero impide ver la realidad de un país profundamente desigual y dividido.

Colombia nunca ha sido una comunidad homogénea, ni una nación de una sola voz. Pretender que el país cabe en una identidad moral cerrada —de izquierda o de derecha— es una ilusión peligrosa. Las naciones no se gobiernan a gritos, pero tampoco sobreviven cuando un solo bando pretende encarnarlas.

El riesgo de fondo no es un presidente patán: es un presidente que gobierna a nombre de una nación donde no cabemos todos. Y es una oposición ejercida en nombre de una patria que no es la de todos.

Cuando la política adopta esa lógica, el desacuerdo deja de ser parte del juego y pasa a verse como amenaza existencial. Ignorar eso es confundir el ruido del momento con la disputa verdadera: la de quiénes son los incluidos y quiénes son los excluidos de esta “nación” que dice ser la de todos.

Ese es el punto de partida de mi libro, Colombia después de Petro: no un balance de gobierno, sino una reflexión sobre lo que este momento revela acerca de nuestras divisiones, sobre la tentación de confundir poder con redención y sobre la dificultad de gobernar una sociedad plural sin envolverse en la bandera tricolor.

* Director de Razón Pública.

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OPINION(76384)26 de marzo de 2026 - 06:53 p. m.
el problema radica en el egoismo de los poderosos, que pensaron que siempre hiban a tener el poder y miren las consecuencias eran un yo con yo y no caben mas
MARIO BERRIO(jbw8b)02 de marzo de 2026 - 10:50 p. m.
Pues lo ha hecho mal: ha promovido la división y el odio entre los colombianos. Amenazó y actuó contra todo aquel o aquello que no se sometiera a su sacrosanta voluntad (el que no está conmigo está contra mí), sin promover el diálogo o el consenso. Además su estilo de vida personal, consumo y alcohol, es un pésimo ejemplo para las juventudes: puedo llegar lejos siendo desordenado. Finalmente deja a la salud, a la seguridad, al sector energético y al déficit fiscal en grave crisis.
Pedro Cortés Lombana(37733)24 de febrero de 2026 - 12:15 p. m.
Hemos sido una nación donde no cabemos todos y una patria que no ha sido la de todos. Este es el problema de fondo, lo que explica por qué somos uno de los países más desiguales y violentos.
jadelpa(47362)24 de febrero de 2026 - 01:30 a. m.
Con ésta presentación no me interes leer sui libro ..es real que si reflexión se. Diluye en la percepción de dos Petros..es real el progresismo es el camino que permita la construir una patria para todos ..o será que Abekardo, paloma, fajardo etc.wtc son el camino..no creo solo escucharlos da rabia sin argumentos
Contrapunteo (18670)23 de febrero de 2026 - 06:06 a. m.
Hernandito haciéndole propaganda a su libro, que si se va a vender como el anterior será una razón pública de fracaso.
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