Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Durante estos cuatro años, Colombia discutió a Gustavo Petro como si de él dependiera todo. Cada decisión, cada error y cada gesto fueron leídos como prueba definitiva de que el país iba al abismo —o de que por fin encontraba una salida—.
Por eso, no sorprende la reacción del mercado editorial al acercarse el fin de este gobierno. De un lado están las largas entrevistas del presidente y los libros petristas —como Una vida, muchas vidas o De la lucha al poder. Del otro lado están los libros del antipetrismo en todas sus variedades: el de Bruce Mac Master, presidente de la ANDI; el de Aurelio Suárez, desde la izquierda ortodoxa; el de William Ospina, asesor de Rodolfo Hernández; el de J. C. Iglesias, desde la extrema derecha; y el satírico de Daniel Samper Ospina.
Estos libros comparten un rasgo evidente: están escritos desde una posición ideológica definida. En unos predomina la denuncia; en otros, la justificación. Esto no es un reproche ni es un elogio: es el modo normal como se escriben libros políticos en sociedades polarizadas.
En Colombia después de Petro partí de una decisión distinta y más incómoda: no escribir para aplaudir ni para condenar, sino para entender. El análisis pone a prueba los mejores argumentos a favor y en contra del “Gobierno del Cambio”, con apoyo en las fuentes más confiables y en una revisión ordenada de propuestas, acciones, fracasos, logros, escándalos y conflictos.
El resultado son veinte lecciones que este periodo dejó al descubierto sobre Colombia y que ninguno de los bandos quiere mirar de frente. Hay conclusiones incómodas para todos. Para la izquierda, que llegó a la Presidencia pero no transformó la sociedad. Para la derecha, que atribuye a Petro los problemas que venían de antes. Para el centro, que intenta el equilibrio sin ofrecer esperanza.
La mirada de conjunto sugiere, por ejemplo, que la formación intelectual del próximo presidente o presidenta importará más que sus discursos; que un gobierno puede hacer mucho más —y mucho menos— de lo que solemos creer; que Petro hizo más de lo que dicen sus críticos y menos de lo que pudo haber hecho.
También muestra algo menos discutido: que la polarización fue a la vez una estrategia y una trampa. El ruido ocultó el fondo y, mientras tanto, bajo el radar cambiaron muchas cosas en Colombia.
De ahí surge la pregunta más incómoda: ¿y si el problema no es Petro sino nosotros? El “Gobierno del Cambio” funcionó como un espejo que amplificó nuestras expectativas, nuestros prejuicios, nuestras impaciencias y nuestra dificultad para convivir con el desacuerdo y la complejidad.
Colombia después de Petro no es un libro para absolver ni para condenar. Es un intento de entender antes de juzgar. No ofrece consuelo ideológico ni recetas fáciles, sino algo más escaso en tiempos electorales: un mapa de límites, errores recurrentes y oportunidades reales para no repetir la misma discusión cada cuatro años.
* Director de Razón Pública.
