12 May 2021 - 3:00 a. m.

Es la hora de la política: reflexiones

Seamos previsivos, evitemos soluciones antidemocráticas.

Acabamos de tener unos días –como pocos– en la historia de la Colombia contemporánea. El conjunto de las acciones que se llevaron a cabo en diversas regiones del país, más allá de las protestas legítimas y ordenadas que presenciamos, deben ser objeto de cuidadoso estudio. Como miembro de la comunidad universitaria, me permito recomendar el estudiar y debatir, detenidamente, los comunicados de los señores rectores, de la Academia Colombiana de Jurisprudencia, de las instituciones, actores y personalidades democráticas que lo han hecho. Las siguientes reflexiones –elaboradas pensando en el mediano y largo plazo– son un aporte que facilita un acercamiento a la comprensión de la magnitud del problema presentado. Veamos.

Retomar el estudio de la política como arte y ciencia. Teniendo en cuenta la actual estructura del poder a nivel mundial y lati­noamericano y en particular, la complejidad y desafíos del contexto sura­mericano y colombiano contemporáneos (2021), se me presenta de una gran actualidad retomar –con precisión– la utilidad que tiene el estudio sistemático de la política como arte y como ciencia.

Develar el debate entre la política y la antipolítica. Actualmente es pertinente develar el debate presentado entre la polí­tica y la antipolítica, evitando que –el empleo de la politiquería– desvirtúe el papel sustantivo que la política debe desempeñar en nuestros días: ser fuente de prácticas solidarias e instituciones democráticas participativas y sólidas. ¿Cómo olvidar que somos seres sociales y que como seres sociales somos seres políticos? Y también, que como seres políticos estamos con­vocados a institucionalizar el derecho, la justicia, la equidad, la solidaridad y la paz en Colombia, en América Latina y en la Tierra.

Prescindir de la política como arte y ciencia, es abrir las puertas a los regímenes de facto y dictatoriales. No olvidemos que, frente a ellos, los colombianos hemos sido reacios. Desde el punto de vista histórico, pedagógico e innovador, lo conveniente, es que, desde la niñez, en los hogares, en los colegios y en las universidades, se dé formación política con el ejemplo y con prácticas democráticas que facili­ten el aparecimiento –en la arena política– de ciudadanos con conciencia participativa. Así mismo, que en todas las facultades se dé la oportunidad de estudiar la política como arte y ciencia y facilitemos la eclosión de nuevos liderazgos políticos democráticos. Ellos emergerán, especialmente, de nuestras universidades. Serán los nuevos profesionales, impulsores del bien común y de una visión solidaria de la existencia y del Estado, los que agencien pro­yectos comprometidos con el ejercicio de los derechos y la satisfacción de las necesidades fundamentales de la mayor parte de la población, dentro del marco de nuestra Constitución.

Ser conscientes del momento político contemporáneo y el papel de la civilidad. La política como arte de gobernar y como ciencia, se complementan; ambas requieren cada día –en nuestro país– de más y mejores centros del saber, la investigación, la innovación, y la reflexión; de más y mejores políticas educativas; de salud; de vivienda; agroindustriales; de transportes…; de más y mejores actores; de más y mejores líderes políticos y sociales, comprometidos con la mayoría de nuestra población. La política, como arte y ciencia, está a la orden del día. Hay que fortalecer el Estado y desarrollar la democracia participativa; estar muy atentos al desarrollo del pensamiento de los sectores académicos, políticos, económicos, sociales y ambientales; hay que abrir la democracia con dimensión de profundidad y estar alerta frente a los populismos y caudillismos de todas las tendencias.

Replantear la misión y la visión de la Escuela de Alto Gobierno. Para el fortalecimiento de nuestra democracia y de la Administración Pú­blica es indispensable replantear la misión y la visión de la Escuela de Alto Gobierno fundada en 1997 y adscrita a la ESAP.

Implementar el Acuerdo del Teatro Colón. Para el futuro de la democracia colombiana se me presenta indispensable tomar las decisiones políticas que permitan la implementación del Acuer­do del Colón y la construcción de una paz estable y duradera. Sobre este tema, existen informes significativos en torno a sus avances (2020 - 21). Sin embargo, la magnitud de la problemática nos indica que es necesario revi­sar cuidadosamente lo realizado e incrementar la voluntad política, de tal manera, que se pueda mostrar ante el mundo, América Latina y Colombia, los logros alcanzados e indicar la importancia y viabilidad de un proceso de paz centrado en las víctimas.

No olvidar que los más importantes gobernantes contemporáneos y los altos funcionarios de los organismos internacionales han manifestado ex­plícitamente, su interés en que la construcción de la paz en Colombia, sea una realidad.

Saber enfrentar la crisis. No temamos a las crisis; ellas frecuentemente han facilitado la eclosión de pensadores de reflexión profunda; de teorías; de nuevas organizaciones y coaliciones políticas; y de novedosos liderazgos políticos y de estadistas.

Preguntas finales. Y dos preguntas inquietantes: Quienes no hemos sido responsables di­rectos de las acciones violentas ¿qué responsabilidad tenemos frente a la magnitud de la inequidad existente en nuestra sociedad? ¿Cómo pode­mos comprometernos en la construcción de una sociedad justa (con es­tructuras que organicen la equidad ante el poder), pacífica (con ausencia de violencias abiertas, estructurales y culturales), libre (interrelacionada con todas las naciones y sin sometimiento a potencia mundial alguna) e insertada creativamente en el proceso de globalización con consciencia latinoamericana y con posibilidad de organizar un proceso de desarrollo sostenible?

roasuarez@gmail.com

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