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“Cien años de soledad contiene una ética fundacional comparable con las grandes novelas que han tenido significación para la literatura, durante siglos”. - José Luis Díaz-Granados.
Después de una tarde fría, lluviosa y con tráfico congestionado, ingresé a la sobria y solemne Biblioteca de los Fundadores del entrañable Claustro del Gimnasio Moderno, para asistir al evento: Diálogos del Magazín. A propósito de los 40 años del Nobel de Literatura que recibió Gabriel García Márquez.
Comenzamos a las 7:15, bajo la coordinación de Andrés Osorio, de la Sección Cultural de El Espectador, con transmisión a las redes sociales y las intervenciones presenciales de José Luis Díaz-Granados y Gonzalo Mallarino, algunos de cuyos textos están vinculados a distintos desarrollos de la vida de Gabo. El diálogo se inicia con la narración amena y versátil de anécdotas de los expositores, refiriéndose a diferentes momentos de la evolución de García Márquez. Y avanzamos con una pregunta: ¿Por qué tenemos que leer a García Márquez? Comienza José Luis: “Teníamos que leerlo porque García Márquez es Colombia, con sus luces y sombras”; y agregó: “Cien años de soledad” contiene una ética fundacional comparable con las grandes novelas que han tenido significación durante siglos”.
Posteriormente, Gonzalo Mallarino complementa: “Nada que sea impuesto, funcionará y “Cien años de soledad” vale la pena leerla, porque evidentemente hace parte de las novelas históricas en pleno siglo XXI, más no solo de este. Su éxito se debe a que la obra se refiere a toda la América Latina; la novela es sobre nosotros, y ello facilitó que paulatinamente los intelectuales y algunos sectores populares se acercaran a conocer la obra literaria de Gabo. Como sabemos, logra que lo real maravilloso sea creíble. Por eso es por lo que, por ejemplo, a Remedios La Bella se le hace subir al cielo, en medio de sábanas que se oreaban”. Y concluye Mallarino: “No es obligatorio leer a García Márquez; leerlo es revelador.”
Continuamos con otra pregunta: ¿Cómo se inició García Márquez como contador de historias? Se inició leyendo a los poetas; específicamente, a los piedracelistas y oyendo historias de su abuelo el Coronel. Él le hablaba de la Guerra de los 1000 días que, a fines del siglo XIX y comienzos del XX, asoló a Colombia. Así mismo, la abuela le contaba hechos y situaciones mágicos y creíbles. Todo ello hacia parte de su entorno, complementado inicialmente por el piedracelismo, lo que facilitó que escribiera para que le creyeran.
Cuando llegó a Zipaquirá, el Rector del colegio -Carlos Martín- era piedracelista. Sabemos también, continuó José Luis, que allí avanzó notablemente su vocación de lector con la biblioteca escolar y comienza -paso a paso- a disfrutar que “la literatura se hace con palabras, enfatiza Gonzalo Mallarino. Así procede Gabo, haciendo cantar el castellano. Su lenguaje usa la poesía para transmitir mensajes con palabras creíbles” Sí, escribió Neruda …”Todo lo que usted quiera, sí señor, pero son las palabras las que cantan, las que suben y bajan… Me prosterno ante ellas… Las amo, las adhiero, las persigo, las muerdo, las derrito… Amo tanto las palabras… Las inesperadas… Las que glotonamente se esperan, se acechan, hasta que de pronto caen… vocablos amados…”.
Y avanzamos en el Homenaje: “Cien años de soledad” es nuestro nacimiento transmitido a todo el mundo; y cuando se le otorga el Nobel, ya había conquistado, con sus obras, sectores populares. La alegría por el Premio fue de tal naturaleza, que parecía que todos nos lo habíamos ganado. Fue un acierto, de quienes organizaron la fiesta en Estocolmo, que enseñaran a los suecos a disfrutar su Premio con sabor latinoamericano y con sentimiento caribeño y colombiano. Así celebramos hace 40 años, el 21 de octubre de 1982, culminó Mallarino y hubo más preguntas...
Estas son pues, notas al vuelo tomadas en el Homenaje organizado por El Espectador y el Gimnasio Moderno, acompañados por dos gabólogos y bien coordinados por Andrés Osorio, para conmemorar los 40 años del Nobel. roasuarez@yahoo.com
