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Los demócratas estamos invitados a construir la paz en Colombia. ¡Comprometámonos!
Inició el nuevo año y con él la esperanza de poder avanzar responsable, creativa e históricamente en el más importante problema de nuestro país: Construir la paz. Conocemos que a los estadistas y a los actores pacifistas del mundo les interesa que, la denominada por el Señor Presidente Petro, Paz Total, se cristalice.
Si tomamos distancia en torno al papel que deben desempeñar los sectores políticos, económicos, sociales, culturales y ambientales más significativos de Colombia, parecería claro que lo más útil, conveniente y rentable es que en nuestro país -en el plazo más corto posible-, se institucionalice una nueva cultura de paz, fundada en la equidad y la justicia social.
Teniendo en cuenta las reflexiones y aportes de los organismos internacionales más respetables; de serios economistas y tratadistas; y de hombres de Estado, la coyuntura del país exige respuestas estructurales y políticas públicas que faciliten el ejercicio de los derechos humanos de manera ampliada y en búsqueda de la concreción de un proceso de desarrollo sostenible. Para ello, es de gran utilidad tener en cuenta el proceso seguido para la formulación del Plan Nacional de Desarrollo, elaborado con participación de las comunidades.
Complementariamente, sabemos que el Pacto de Paz firmado en 2016, trazó caminos serios y difíciles para avanzar. Vale la pena entonces que los sectores a los que me referí y específicamente, los grupos de presión, reflexionen cuidadosamente en las grandes ventajas que traería para Colombia el acercamiento a la consecución de la Paz Total. ¿Por qué no imaginar y concretar estratégicamente este escenario? No olvidemos la atención debida a las zonas de confrontación abierta; la necesaria gestión integral de las fronteras; y la focalización de la pobreza en las zonas urbanas y rurales.
Por supuesto que no debemos ser ingenuos. Andar afirmativamente en el camino de la institucionalización de la paz, es difícil; siempre lo ha sido; pero bien vale la pena transitarlo, pensando y actuando estratégicamente para favorecer a nuestra Nación –como un todo- y especialmente a los sectores mayoritarios de nuestra población, tan necesitados de ausencia de violencias abiertas, estructurales y culturales. Para tal efecto, se presenta recomendable una acción política concertada y coordinada entre los niveles nacional, regional, departamental y municipal.
Y una reflexión final: Ahora, en Colombia, es la hora de los estadistas; de los demócratas; de los universitarios consagrados; de los pensadores de reflexión profunda; de los medios de comunicación; de nuestras Fuerzas Armadas y de Policía; de los grandes empresarios… de lo que podemos denominar “las fuerzas vivas de la Nación” y de la Comunidad Internacional, para favorecer la concreción de un ambiente social que nos permita disfrutar de una paz con equidad y justicia social.
Pensemos y actuemos; bien vale la pena. Usemos fecundamente la oportunidad. ¡Avancemos! roasuarez@yahoo.com
