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La Policía Nacional: su legitimidad y eticidad

Hernando Roa Suárez

21 de marzo de 2023 - 09:00 p. m.

La Policía Nacional debe seguirse caracterizando por su legitimidad y eticidad, sin prestarse a alianzas con agentes buscadores de poder, que le han hecho grandes daños a la Institución.

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Quien conozca la historia de nuestro país, en el intervalo 1982-2023 reconocerá, sin dificultad, que la Policía Nacional de Colombia ha sido una organización fundamental para el afianzamiento de nuestra democracia y los diversos procesos dirigidos a la construcción de la paz. Desde luego, que no debemos olvidar los errores –algunos muy graves- que han alterado su desarrollo organizacional. Sin embargo, su legitimidad y labor democrática han prevalecido.

Ahora, desde mi enfoque orientado por la perspectiva política institucionalista, deseo afirmar que el papel de la Policía Nacional ha sido fundamental para la implementación de los Acuerdos y las prácticas de Convivencia, según los preceptos constitucionales. Recordemos que su aporte ha sido real y pertinente, en medio de grandes complejidades de la realidad en el periodo enunciado. Al fortalecer su sistema educativo, la legitimidad y las prácticas administrativas transparentes, la Policía Nacional ampliará la confianza en la eficiencia y eficacia del Estado, como institución fundamental de una Nación con vocación democrática participativa.

Quien conozca la evolución del proceso de paz, en Colombia, ha de reconocer que su labor ha sido básica para avanzar y construir la paz, hasta donde la hemos alcanzado; su aporte –por supuesto- ha sido real, pertinente y complejo.

La democracia colombiana sigue con dificultades por las prácticas politiqueras y corruptas de pseudo líderes astutos, populistas y caudillistas, buscadores de poder y muy hábiles en su enriquecimiento exponencial -personal y familiar- que, en sus prácticas –a veces- han comprometido los entes policiales. Así mismo, encontramos la combinación entre el narcotráfico, los residuos guerrilleros, el paramilitarismo y la minería ilegal, unidos a grupos políticos que siguen siendo, prioritariamente, empresas electorales que, frecuentemente, han perjudicado a la Policía.

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Frente a esas prácticas antidemocráticas, tenemos que estar muy atentos para impedir que, ante al proceso electoral de octubre, fuerzas reaccionarias, retardatarias, dogmáticas, fanáticas y, a veces, ilegítimas, perturben el destino democrático de nuestro país y de su Policía. Esta Institución debe seguirse caracterizando por su legitimidad y eticidad, sin prestarse a alianzas con agentes de dudosa reputación que han hecho grandes daños a nuestra institucionalidad y a la Policía, en distintos momentos de los últimos cuatro decenios.

Me inclino a pensar que una vía para afianzar la legitimidad de la Policía es seguir laborando con consagración, como un camino apropiado para realizarse como servidores públicos. Conocemos que ser un servidor público policial es un honor y éste los debe acompañar desde cadetes hasta generales; desde estudiantes para suboficiales hasta su más alto rango. Así los necesita la ciudadanía, cuya confianza deben merecer y acrecentar.

Ser un servidor público policial es una vocación que debe permitir la realización personal y profesional. Complementariamente, ejercer la vocación policial con calidad, es tener sentido de la historia; saber que en el ejercicio de la Convivencia estamos trabajando con personas y administrando bienes públicos. Reflexionando en la realidad de hoy, creo que al servir con calidad, la Policía está acrecentando la legitimidad y el prestigio de la Institución. Una vocación así ejercida, les traerá beneficios personales e institucionales. Ser líder en este proceso es tener la visión, la misión, los objetivos y la filosofía, incorporados a su quehacer administrativo y profesional.

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Por el conocimiento que poseo de la Institución, espero que las nuevas promociones de nuestras fuerzas policiales y el fortalecimiento de sus entes educativos contribuyan -dentro del marco de su labor legítima- a la implementación de los Acuerdos y a afianzar sus políticas institucionales de Convivencia ciudadana. Esta se me presenta como una tarea significante de los tiempos futuros en Colombia.

Tengamos en cuenta que, al fortalecer la Policía, sus prácticas administrativas transparentes y su sistema educativo, se va a ampliar la confianza en la eficiencia y eficacia del Estado, en su legitimidad y en el fortalecimiento de la democracia participativa.

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roasuarez@yahoo.com

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