El estudio y la práctica de la política –como arte y ciencia- es fundamental para el fortalecimiento de las instituciones democráticas colombianas.
Con esta columna continuamos la serie en torno a: La política como arte y ciencia.
La política como ciencia. Y: ¿qué es la política como ciencia? Reflexionando históricamente, encontramos que, como resultado de un proceso de decantación y como un aporte inter y transdisciplinario, realizado por los científicos sociales (historiadores, economistas, sociólogos, politólogos, psicólogos, filósofos, juristas, internacionalistas, psicoanalistas, antropólogos, geógrafos, lingüistas, ambientalistas, administradores públicos y trabajadores sociales) especialmente a partir del fin de la Segunda Guerra Mundial, la ciencia política concretó su especificidad.
Gracias al conocimiento aportado por las disciplinas anteriores, se consolidaron los cuestionamientos epistemológicos, las dimensiones teóricas, los aspectos conceptuales, las estructuras metodológicas y el conjunto de las técnicas. Así que la ciencia política se fue fortaleciendo y desarrollando poco a poco, hasta encontrar un magnífico respaldo que, en el mundo Occidental, se expresó en investigaciones, centros de documentación, bibliotecas, instituciones universitarias, asociaciones de egresados, asesores y consultores gubernamentales y no gubernamentales, a escala nacional e internacional.
En Colombia, ya no es extraño -en nuestros días- contar con politólogos y administradores públicos, altamente calificados en formación política. También: especialistas, magísteres y doctores en administración pública, relaciones internacionales y gobierno, con adecuada preparación en el manejo de las finanzas internacionales y el interés público.
¿Y entonces, cómo conceptualizar la ciencia política? Como fruto de una labor académica, investigativa e innovativa, profundizada a partir de 1964, hoy entiendo por ciencia política:
La disciplina social que se ocupa del estudio sistemático del Estado; de la legitimidad; de la estructura del poder; de la gobernabilidad; de la composición de las clases y estratos sociales; de la organización de los partidos y movimientos políticos y sociales; de los procesos electorales; del funcionamiento de los grupos de presión; de la problemática ambiental; del proceso de la toma de las decisiones; de la paz y la solución de conflictos; y de la problemática del liderazgo, en espacios y tiempos determinados.
Así concebida, se me presenta como una herramienta útil para realizar estudios comprensivos de nuestra compleja realidad y evitar el craso error de reducir los análisis políticos al solo estudio particular de los fenómenos y procesos electorales. Ellos son importantes, pero no son los más significativos de la ciencia política.
Complementariamente, el texto que hoy presento nos recuerda que, si de un lado, debemos tener conciencia crítica para desvirtuar el conjunto de las acciones politiqueras, de otro, estamos en la obligación ética de reivindicar la política como el camino óptimo para emplear el diálogo y como la salida a nuestros conflictos y la cristalización de una democracia participativa, justa, pacífica, libre, y en vías de institucionalizar un proceso de desarrollo sostenible, según los preceptos orientadores de Naciones Unidas y de nuestra Constitución.
Pensando en un ejercicio práctico de la política, ejercida por Presidentes de Colombia, recordemos dos ejemplos del siglo XX. Al hacer memoria del proceso de descomposición de las costumbres democráticas, en que desembocó la dictablanda rojista (1953-1957), está para la historia, el compromiso con los ideales de la democracia, encarnados por el liderazgo político y ético de Alberto Lleras Camargo. Él, descendió de los riscos uniandinos para convocar a un proceso que permitió recuperar la institucionalidad y transparencia de la que deben estar dotados los procesos políticos democráticos.
Y por supuesto, como fue rememorado en diversos textos y eventos en 2008, tenemos el ejemplo de la conciencia crítica ejercida por el Señor Presidente Carlos Lleras Restrepo en su ejercicio del poder(1). Sabemos, que se preparó desde joven para gobernar y, conocedor de los graves errores cometidos por sectores elitistas de la política colombiana, preparó y concretó la más importante reforma político-administrativa del siglo XX (1968)(2). Ello permitió actualizar al Estado y acercarse con eficiencia y eficacia a la práctica de la justicia social, diseñando un Plan de Desarrollo que buscaba la redistribución real del ingreso y el fortalecimiento de la más importante institución política: el Estado, aplicando orientaciones neokeynesianas con conciencia crítica(3). roasuarez@yahoo.com
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Referencias
1. Un camino apropiado para conocer en detalle su talante de estadista, puede confirmarse con la lectura del capítulo I del libro de Guillermo Perry: DECIDÍ CONTARLO. (2019). Debate. Bogotá, pp. 25-53.
2. No debe olvidarse la importancia de la Reforma Constitucional impulsada por López Pumarejo en 1936, cuando Colombia ingresó, tardíamente, a la modernidad.
3. Como ejemplos del grado de corrupción al que ha llegado la práctica de la política en Colombia, véanse: Los dos programas de Vicky Dávila (sep. 23 y 24 de 2019), sobre Cartagena, transmitidos por La W; la Revista Semana, edición 1951, el artículo de María Jimena Duzán: “Los que van a ganar”; y las páginas 42 a 47 de esa edición. Compleméntese con la Entrevista concedida en Caracas a Vicky Dávila por Aída Merlano, en febrero de 2020.