La política como vocación, éticamente practicada, es la más bella y profunda de las profesiones.
Hace un año, a raíz de una entrevista formulada en la Academia Colombiana de Jurisprudencia, por el profesor y Académico de Número Ricardo Abello Galvis, me ocupé de responderle algunas reflexiones a propósito de la política como arte y ciencia. Teniendo en cuenta el momento contemporáneo de la política colombiana, me permito transcribir, parcialmente, el contenido de esa intervención que puede ayudarnos a entender el deber ser de la política. La pregunta fue: ¿Qué entiende usted por la política, como arte y ciencia? Este es un gran cuestionamiento, cuya respuesta daría lugar a un tratado completo1. En esta columna, solo presentaré unas reflexiones sobre el tema.
La política como arte puede entenderse como el de gobernar para el bien común. Cuando ella se ejerce de esa manera, permite incluso que los ciudadanos se emocionen ante un gran discurso político y se impregnen de los valores, del conocimiento, de la profundidad, de la autenticidad y de la eticidad de quien lo pronuncia.
Al revisar aspectos de la historia de Colombia en el siglo XX, encontramos magníficos ejemplos de la política como arte. Pienso en Rafael Uribe Uribe y sus intervenciones sobre: La oración por la igualdad; Notas sobre el alma nacional; Oración por la tolerancia; El socialismo de Estado; y Los problemas nacionales. Él fue conocedor del proceso histórico de la Nación y con apropiado dominio de lo internacional se propuso, intencionalmente, ser experto en el manejo de la compleja problemática nacional de su tiempo. Su vida se me presenta hoy, como un testimonio del valor civil, la conciencia crítica y la autenticidad. Este prototipo de ser humano, es el que necesitaría nuestro país, aún 112 años después de su asesinato.
Ulteriormente, encontramos otros líderes políticos democráticos admirables. Veamos: Alfonso López Pumarejo, elaboró varias piezas magistrales, hoy solo cito dos: su Discurso ante el Congreso en 1934; y la Intervención pronunciada en la Universidad Nacional en 1959, cuando fue condecorado por la Universidad, antes de asumir la Embajada de Colombia en Londres. López Pumarejo fue un líder carismático que supo interpretar a tiempo, el papel fundamental que tuvo el Partido Liberal en 1934-38. Su última intervención pública multitudinaria, desde la Gobernación de Cundinamarca, con motivo del regreso de Alberto Lleras de Sitges y Benidorum, permite recordar la grandeza de un líder político democrático, que tuvo sentido de la historia.
Ahora, recuerdo a Darío Echandía, quien después de realizar ejemplares estudios en derecho y jurisprudencia en El Rosario y ejercer algunos cargos públicos, en 1936 pronunció importantes intervenciones sobre la Reforma Agraria. En 1965, con ocasión del centenario de Manuel Murillo Toro, realizó dos piezas oratorias memorables: una estrictamente jurídica y otra jurídico-política, en las que narró, con gran autenticidad y originalidad, lo que significaba ser un político del Olimpo Radical en Colombia. Complementariamente, no debemos olvidar su gestión extraordinaria con la Ley 200 del 36 y su Gobernación del Tolima en el 58. La coherencia entre la solidez de su vocación; la ética; la eficiencia; la eficacia ejercida en su vida pública; la práctica de su juridicidad y su ejercicio académico, lo hicieron acreedor al título de Maestro.
Notable y excepcional fue la vida de Jorge Eliécer Gaitán. Él fue un gran caudillo liberal2 que, previa su consagrada vida estudiantil y su maestría -Magna Cum Laude, con el Profesor Enrico Ferri- regresó al país para dedicarse especialmente al servicio de los intereses populares. Gaitán nos legó ejemplos extraordinarios de la política como arte, particularmente en su Oración por la Paz; El silencio es grito; y en su famoso discurso: No creo en el destino mesiánico de los hombres.
Igualmente, en la historia de Colombia del siglo XX, sobresale el presidente Alberto Lleras Camargo. Fue un estadista de enorme prestigio internacional. Sus escritos político-periodísticos son extraordinarios. Entre ellos, enunciemos solo: El relacionado con la segunda candidatura de López Pumarejo, así como sus Discursos sobre la Fundación de la Flota Mercante Grancolombiana, su Mensaje Presidencial de 1958 y no olvidemos que Él fue el Fundador de la ESAP (Ley 19 del 58).
Otro caso notable es el de Carlos Lleras Restrepo. Recuerdo especialmente su Discurso en el entierro simbólico de Jorge Eliécer Gaitán en el Parque Nacional. Allí afirmó que “no se podía volver a hacer política, sin una profunda dimensión social”. Asimismo, es significante el alcance de su Discurso de Posesión Presidencial en 1966 y el conjunto de lo plasmado en sus Reformas de 1968. El Presidente Lleras Restrepo es un ser ejemplar de nuestra historia política del siglo XX, que ha sido reconocido como un estadista latinoamericano.
Inolvidable fue el testimonio de Luis Carlos Galán. Después de cursar sus estudios en derecho y socio-economía, se dedicó al periodismo y, siendo muy joven, fue designado Ministro de Educación, en 1970. En el estudio de sus 46 fecundos años, se presentaron procesos cuyo conocimiento facilitará entender el ámbito dentro del cual desarrolló su gestión política. Su pensamiento versó sobre la legitimidad; la estructura del poder; los partidos políticos; los procesos electorales; la gobernabilidad y los liderazgos políticos, buscando actualizar y modernizar la futura responsabilidad del Partido Liberal y de Colombia3.
El estudio de sus propuestas económicas, sociales, culturales y ecológicas fueron significantes. En lo internacional, cuestionó la carencia de una política exterior clara y consistente, y las actuaciones facilistas y dependientes de la potencia en cuya área de influencia se encuentra nuestro país. Problematizó el funcionamiento y escasa convocatoria de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores. Complementariamente, formuló propuestas específicas para reorganizar el Fondo Monetario Internacional, el Banco Mundial y el B.I.D. Sintetizo: Galán fue un gran colombiano que consagró los mejores años de su existencia a la reivindicación de la política habiéndose convertido en unos de los grandes líderes del siglo XX en Colombia y América Latina4.
Ocupémonos ahora, del señor Presidente Virgilio Barco. Él fue un ingeniero santandereano muy bien preparado en la Universidad Nacional de Colombia y en el Instituto Tecnológico de Massachusetts. Desde pequeño recibió positivos ejemplos en relación con su futuro político. Al regresar a Cúcuta, inició su vida política siendo el reemplazo del número uno de los Concejales que era Jorge Eliecer Gaitán. Posteriormente, fue designado Ministro de Obras Públicas; de Agricultura; Miembro del Directorio del Banco Mundial y Alcalde de Bogotá, durante la Presidencia de Carlos Lleras.
Como Presidente de la República “tuvo un papel histórico en la transformación del sistema político internacional; la defensa de las instituciones amenazadas por el crimen organizado; la lucha contra la pobreza; la restitución a las comunidades indígenas amazónicas de sus derechos de propiedad sobre millones de hectáreas; y el empeño de lograr que la Comunidad Internacional aceptara su corresponsabilidad en el fenómeno criminal del narcotráfico del que previamente se culpaba exclusivamente a Colombia, para mencionar solo algunos de sus logros en la Presidencia”5.
El examen cuidadoso de su consagración al trabajo, eticidad y carácter polifacético de su personalidad, permiten calificarlo apropiadamente, como el último Presidente Liberal.
Ahora, ocupémonos de la política como ciencia. Ella ha sido entendida en Occidente, en el intervalo (1789-1945), como la disciplina, que se ocupa paulatinamente, del estudio del poder y del Estado. A partir de 1945 emerge Estados Unidos como la primera potencia mundial y complementariamente, se va cristalizando la teoría política empírica. Grandes centros universitarios como Princeton, Harvard, Berkeley, Columbia… comenzaron a elaborar nuevos presupuestos epistemológicos, teóricos, metodológicos y técnicos, conducentes a crear centros de formación e investigación, publicaciones, bibliotecas y agremiaciones que promovieron su desarrollo interdisciplinar.
La labor universitaria iniciada con la Fundación que la ESAP (1958), comenzó a impulsar, junto a la institucionalización de la Administración Pública entre nosotros, facilitó que otras universidades (La Tadeo Lozano, Los Andes, La Javeriana, La Nacional, El Rosario, El Externado, La Santo Tomás, La Universidad del Norte…) crearan facultades íntimamente vinculadas a distintas dimensiones de la ciencia política y las relaciones internacionales.
En cuanto a mi labor académica, investigativa, administrativa e innovativa se refiere, en el intervalo 1964-2026, quisiera anotar que he podido concebirla de una manera más amplia y comprensiva; y hoy entiendo la ciencia política como: La disciplina social que se ocupa del estudio sistemático del Estado; de la legitimidad; de la estructura del poder; de la gobernabilidad; de la composición de las clases y estratos sociales; de la organización de los partidos y movimientos políticos y sociales; de los procesos electorales; del funcionamiento de los grupos de presión; de la paz y la solución de conflictos; de la problemática de los medios de comunicación; de la problemática ambiental; del proceso de la toma de decisiones; y de la problemática del liderazgo, en espacios y tiempos determinados.
Así concebida, se me presenta como útil herramienta para realizar estudios comprensivos de nuestra compleja realidad y evitar el craso error de reducir los análisis políticos al solo estudio particular de los fenómenos electorales6. A través de estos planteamientos, comprendemos que la política, como arte y ciencia, no contiene realidades opuestas, sino que son complementarias.
Para finalizar, recordemos que durante el siglo XX, Colombia ha contado con algunos estadistas respetados, respetables y éticos, capaces de ofrecer ejemplos valiosos para América Latina y para el mundo. Sin embargo, las últimas generaciones de colombianos han tenido pocas oportunidades de conocer figuras de esa naturaleza.
En junio 21, vamos a elegir Presidente de la República. ¿Cuál va ser nuestra decisión? Pensemos con sentido histórico. roasuarez@yahoo.com.
Referencias.
1 Véase del autor: La política, arte y ciencia. 4ª edición. Presentación: Eduardo Cifuentes Muñoz. Tirant Lo Blanch. Bogotá, pp. 55-94; 137-160.
2 Nótese que Uribe Uribe, Gaitán y Galán fueron, contrario a lo que ocurrió con otros caudillos, éticos que consagraron sus vidas al servicio de los intereses mayoritarios de la población; cada uno con sus propias especificidades.
3 Véase del autor: Revista UNIVERSITAS Nº 119. Universidad Javeriana. Bogotá, pp. 27-33.
4 Para un estudio ampliado de los líderes aquí contemplados, véase del autor: El liderazgo político. Análisis de casos. 6ª edición. Tirant Lo Blanch. Bogotá, pp. 172-379.
5 Véase: VIRGILIO BARCO. El Último Liberal. Leopoldo Villar Borda. Intermedio. Bogotá, pp. 10; 234-357.
6 Véase del autor: Opus cit., pp. 78-81.