Estadista es el líder político democrático que tiene una comprensión apropiada de las variables económica, política, social, cultural y ambiental, tanto a nivel nacional como internacional.
Colombia tuvo algunos estadistas en el siglo XX, que han sido reconocidos internacionalmente. Ellos actuaron con el conocimiento, la grandeza, la delicadeza y la consagración que deben acompañar a quien los colombianos honramos al designarlos como primeros mandatarios de la Nación.
Ahora bien, hace decenios que amplios sectores de colombianos estamos ahítos de las incompetencias, indelicadezas, corruptelas, leguleyadas y politiquerías de quienes han accedido a la Presidencia de la República y, en los últimos años, también, al Congreso. Ellos han abusado de la generosidad y, a veces, de la ingenuidad, pobreza e ignorancia de algunos sectores mayoritarios nacionales. Pero, ahí está la historia para señalar a quienes sirvieron con dedicación, conocimiento y eticidad, y quienes se beneficiaron y/o enriquecieron ilegítimamente en el ejercicio del mando.
En el periodo (2026-30), tenemos un momento histórico significante, cuando el presidente electo ha prometido, en diversos escenarios, que desea realizar un gobierno de cuatro años inolvidables. Pero, tenemos un serio inconveniente para que alcance estos anhelos: Él no tiene experiencia en el manejo de la complejidad de lo público. Por tanto, para el ejercicio apropiado del cargo, necesita tener un equipo de ministros y asesores tecno-políticos, altamente calificados y con antecedentes de conducta irreprochable.
¿Cuál sería el perfil de un estadista democrático para nuestro tiempo? Queremos un civilista respetuoso de los derechos humanos y del fuero de los militares, que ejerza legítimamente como Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas; que conozca el funcionamiento complementario de las tres ramas del poder público y que, consecuente con las tendencias del último decenio en América Latina y Occidente, gobierne organizando estructuralmente el sistema de pesos y contrapesos e impida la concentración del poder en el ejecutivo.
Confiamos tener un Jefe de Estado que sea capaz de conducir y definir el proceso de paz, no sólo con la acción represiva, sino mediante acuerdos políticos y decisiones de autoridad encaminadas a atacar las causas de la injusticia social. No olvidemos que serios analistas han diagnosticado, hace decenios, que el problema fundamental de Colombia es la construcción de la paz.
Continuemos: Esperamos tener un presidente que fortalezca la Corte Constitucional, la Corte Suprema de Justicia, la Procuraduría, la Fiscalía, la Contraloría y la Contaduría. Que gobierne en la Casa de Nariño, asesorado por los colombianos mejor capacitados y comprometidos con un programa previamente definido; que designe a sus ministros para realizar un proyecto nacional que tenga como ejes la descentralización, la regionalización, la democratización y la planeación indicativa. En cuanto a la administración y la gestión pública profesional, anhelamos que promueva, al más alto nivel, la formación de recursos humanos con vocación de servicio público.
Tenemos urgencia de un presidente que conozca la diversidad regional y aborde la nueva configuración de los procesos urbanos y rurales; que haya estudiado las deficiencias existentes en los campos de la salud, la seguridad, la vivienda, la educación, el trabajo, el medio ambiente, la cultura, el acceso a la tecnología y servicios públicos y la recreación, y proponga alternativas viables para solucionar las injusticias histórico-estructurales. Que sepa articular las políticas monetaria, fiscal, cambiaria, exportadora, cafetera, minera y petrolera…, con metas realistas que faciliten la redistribución de los ingresos y el desarrollo nacional.
Ahora tenemos un presidente electo a quien se le pide que fortalezca las relaciones de Colombia con el resto del mundo, especialmente con los latinoamericanos, y sepa ampliar nuestros mercados promoviendo las exportaciones, aprovechando las excepcionales riquezas nacionales, incluyendo la industria y el conocimiento. Así mismo, que promueva alternativas actualizadas para nuestras amplias zonas fronterizas.
Esperamos que el presidente electo actúe con vocación de servicio a Colombia, congregue la capacidad productiva de los gremios y concerte, con los líderes sindicales, políticas que permitan dinamizar un desarrollo integral, que no identifique el desarrollo con el mero crecimiento económico. Que a sabiendas de la vocación agropecuaria colombiana, fortalezca la modernización del sector y de sus instituciones, protegiendo a los más pobres.
Necesitamos que el presidente electo esté dispuesto a articular la ciencia, la tecnología y la innovación, comprendiendo el gran poder que ellas tienen como fuerzas dinamizadoras de nuestra sociedad, su inserción a la educación y a las políticas públicas.
Queremos que, preservando la libertad de prensa, agencie una política con los medios de comunicación, de tal manera, que estando abiertos a los avances del mundo, fortalezcamos los valores nacionales con conciencia latinoamericana e impulsemos nuestra identidad múltiple y la cohesión social, como Nación progresista e igualitaria. Así mismo, que defina planes, programas y proyectos para la preservación, conservación y disfrute de nuestro patrimonio cultural, artístico e histórico.
Anhelamos que el primer mandatario electo, dé a la mujer, a las poblaciones indígenas, negras y diversas, la participación propia de su calidad intelectual y capacidad administrativa, demostrada en el ejercicio de la función pública. Deseamos que impulse una moderna organización deportiva que consolide y fortalezca las potencialidades nacionales al respecto.
Complementariamente, me permito hacer énfasis en torno a la necesidad de adelantar diálogos entre diversos partidos y movimientos que permitan concretar políticas sobre: La reducción de la pobreza y la miseria, con un enfoque de equidad; la consecución de la paz y la seguridad ciudadana; la defensa de la democracia y del Estado Social de Derecho; la erradicación de la corrupción y la politiquería; la reconstrucción de la ética ciudadana; la preparación para enfrentar el cambio climático; la recuperación del desarrollo económico mundial; la amenaza del proteccionismo en el comercio internacional; la lucha contra el narcotráfico y el paramilitarismo; el respeto a los derechos humanos y una positiva información sobre las proyecciones actuales y futuras de la Inteligencia Artificial.
En fin, los demócratas debemos ser convocados por un presidente que nos permita seguir trabajando para cristalizar una Nación democrática, justa (con estructuras que organicen la equidad ante el poder); pacífica (con ausencia de violencia abierta, estructural y cultural); libre (sin sometimiento a potencia mundial alguna e interrelacionada con todas las naciones); y con capacidad de institucionalizar un proceso de desarrollo sostenible.
Tomemos distancia: ¿Será posible que el señor presidente electo pueda gobernar y gobierne como necesitamos y queremos sin bandazos; y ayudando a construir democracia? Ya veremos en 2030, que nos indican sus efectivas realizaciones.
roasuarez@yahoo.com