Los demócratas debemos estar atentos a los caudillismos y populismos; ellos desvirtúan la democracia participativa.
Estamos terminando ocho años de un gobierno donde su más importante realización fue la política pública adelantada -a costos presupuestales altísimos- contra la guerrilla, especialmente contra las Farc y las cabezas del paramilitarismo. Complementó esa política una práctica de caudillismo y populismo dirigida por el presidente Uribe. Pero, ¿qué son el caudillismo y el populismo? Veamos.
El caudillismo. En América Latina se entiende, en sentido amplio, que el caudillismo "es un régimen político personalista, cuasi militar, cuyos mecanismos partidistas, procedimientos administrativos y funciones legislativas están sometidas al control inmediato y directo de un líder carismático y su cohorte de funcionarios mediadores". Después del período de la independencia, en la historia latinoamericana podemos identificar un conjunto de caudillos que actuaron de manera diversa en varios países. Juan Manuel Rosas en Argentina (1829 52); Rafael Carrera en Guatemala (1839 65); Jean Pierre Boyer en Haití (1818 43); Ramón Castilla en Perú (1845 51; 1855 62); Juan José Flórez en Ecuador; Francisco Solano en Paraguay y Antonio López de Santana en México. Estos jefes político-militares ejercieron el poder entre el segundo y el octavo decenio del siglo XIX. Después de un período de transición, el conjunto de América Latina buscó la profesionalización y modernización de sus fuerzas armadas que se cristalizaron, en la mayoría de los países, hacia 1910. Durante el siglo XX, en Suramérica se dieron mandatarios que, buscando de nueva y diversa manera, la unidad nacional, la justicia social y la instauración del orden, fueron reconocidos como caudillos. Tal es el caso de Perón en Argentina y Castro en Cuba (1). Observemos que en nuestro tiempo, de manera diversa y en defensa, con frecuencia, de intereses antagónicos, Chávez, en Venezuela y Uribe en Colombia (2002-2010), han actuado como caudillos, dentro del marco general de regímenes presidenciales que fueron adecuados a sus designios por ellos mismos.
Cuando nos referimos a un caudillo, estamos haciendo relación a un jefe político que guía y manda. Al que en función de sus cualidades especiales ha sido investido de autoridad para el ejercicio del poder político. Es un conductor, un líder que con carisma dirige multitudes para la realización de un proyecto político. Así entendido, podemos decir que Mussolini como Duce; Hitler como Führer, Franco, Perón y Fujimori fueron reconocidos, en los momentos culminantes de su triunfo político, como caudillos de Italia, Alemania, España, Argentina y Perú, en la medida que eran señalados como los guías que conducían a las masas y encarnaban la más alta autoridad política y militar. Nótese, sin embargo, que existieron diferencias entre los procesos de la Italia fascista, la Alemania nazi, la España falangista, la Argentina peronista y el Perú fujimorista. ¿Cómo han sido juzgados por la historia estos regímenes? Sabemos que han sido duras lecciones aprendidas como ejemplos de gobiernos y regímenes que deberían ser irrepetibles en sus prácticas políticas. Revisemos ahora el populismo.
El populismo. Es una perspectiva política en la cual el pueblo, considerado como conjunto social homogéneo y depositario de valores positivos y permanentes, es fuente básica de inspiración y referencia. El pueblo es asumido como mito, más allá de una precisa conceptualización. El surgimiento del populismo ha sido favorecido, en algunos casos, por la existencia de procesos de transición de sociedades tradicionales a modernas. Sus líderes se hacen eco de los valores tradicionales básicos, en algunos casos, contra las oligarquías e impulsan una movilización de masas alrededor de la revolución industrial. Es una movilización de amplios sectores sociales unida a un proceso de politización que desborda los canales tradicionales de formación política.
Al estudiar las prácticas del populismo, conocemos que han sido muy variadas, siendo muy frecuente que al frente de estos movimientos se encuentre un líder con positivas cualidades carismáticas, acompañadas de una élite de intelectuales que buscan articular el proyecto político. En los siglos XIX y XX se han dado diversos ejemplos de populismos; enunciemos algunos: la democracia jacksoniana norteamericana de los años 30; el mejicano, impulsado por Lázaro Cárdenas y el PRI; el peruano de Haya de la Torre, el argentino de Perón; el varguismo brasilero; aspectos del rojaspinillismo en Colombia, el nasserismo en la República Árabe Unida y, en nuestros días, los diversos populismos de Uribe y Chávez.
Para comprender implicaciones sustantivas del populismo hoy, me parece pertinente observar con Joan Prats que “El modelo de gobernabilidad exigido por la nueva frontera del desarrollo no es una mera operación de racionalidad técnica que deje sin alterar los equilibrios tradicionales. Contrariamente, implica un tensionado proceso de aprendizaje de las nuevas reglas del juego y un nuevo equilibrio del poder. Las tensiones resultan, pues, inevitables: Su superación no será posible sin un gran desarrollo de las capacidades de gobernar"(2).
¿Qué enseñanzas podríamos extraer, en nuestros días, del caudillismo y el populismo ejercidos por Uribe? Anotemos algunas. Según mi percepción, el desarrollo de este gobierno nos indica que si, de un lado se acorraló a las Farc, a los elenos y a los cabecillas del paramilitarismo, de otro, a nivel económico-social, su modelo neoliberal facilitó que los ricos de hicieran más ricos y los pobres más pobres. Con el paso del tiempo, la historia indicará las graves implicaciones de los falsos positivos, las chuzadas del DAS, la amplitud de la corrupción gubernamental, los graves errores en relaciones internacionales, salud, educación, infraestructura vial y las indelicadezas agenciadas por los hijos del Presidente.
Ante las posibilidades continuistas del caudillismo y el populismo, los colombianos debemos estar atentos a retomar los principios fundamentales de la Constitución del 91. Hay que pensar y actuar con sentido de grandeza; el futuro a construir debe estar inspirado en las bases tutelares de esa Constitución que tanto significó, y cuyas orientaciones políticas están pendientes de realizar. No olvidemos: en Colombia no existe democracia participativa; estamos invitados a construirla.
Y una pregunta final: ¿Por qué el miedo al ejercicio de la libertad y a la profundización de la democracia, facilitan el advenimiento de regímenes caudillistas y populistas?
Referencias
(1) Nótense, cuidadosamente, las diferencias sustantivas entre estos dos tipos de caudillos.
(2) Véase “Gobernabilidad y globalización”. En: La investigación en administración pública hoy. Análisis de casos, Zorro, Carlos (1998) (Ed.). ESAP-Imprenta Nacional, Santa Fe de Bogotá, p. 43.
Lecturas básicas
BOBBIO, Norberto (1985). El futuro de la democracia. Plaza & Janes. Barcelona. pp. 13-31; 84-101. GARAY, Luis Jorge (2002). Repensar Colombia. PNUD. Bogotá. pp. 25-65. LEAL, Francisco (Ed.) (2005). En La Encrucijada. Norma, Bogotá. pp. 27-49; 113-146; 261-289; 387-419; 513-544. PRATS, Carlos (1974). Una vida por la democracia. FCE. México. POULANTZAS, Nicos (1970). Fascismo y dictadura. Siglo XXI. México. pp. 18-30; 73-93; 94-125; 352-397.