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Rafael Roa Rivera: mi padre

Hernando Roa Suárez

09 de febrero de 2022 - 12:00 a. m.
Foto: Hernando Roa Suárez

El trabajo y el estudio dignifican y engrandecen al ser humano.

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Notas introductorias. Papá nació en La Mesa de Juan Díaz el 25 de abril de 1900 y murió el 29 de junio de 1964, en Bogotá. Bachiller del San Bartolomé Nacional en 1919 y Diplomado en Ciencias Comerciales, por la Escuela Nacional de Comercio el 22 de noviembre de 1921, habiendo recibido allí, la influencia de personalidades como Guillermo Vickman, Luis Peñuela y Eliseo Ortiz.

Labor profesional. Después de haber tenido representaciones comerciales que administró responsablemente, fue designado gerente del almacén La Moda al Día, especializado en artículos para hombre, nacionales y extranjeros, de alta calidad. Como un reconocimiento a su consagrada y eficiente labor, los propietarios (Ocampo Gutiérrez y Compañía) le ofrecieron en venta el Almacén y se procedió a realizar la compra en forma satisfactoria.

Teniendo en cuenta que La Moda al Día estaba ubicado en la Carrera 8ª. #13-78/82, anotemos que quedaba instalado en el corazón bancario de Colombia, por cuanto en las seis manzanas circundantes, operaban las gerencias principales de: El Banco de la República y la Bolsa de Bogotá; y las de los bancos de: Bogotá, Colombia, Del Comercio, Industrial Colombiano, Central Hipotecario, Popular, Ganadero, Comercial Antioqueño, de Londres y Montreal, Francés e Italiano y National City Bank.

Notemos que, por la calidad de los productos, sus precios y la atención dada al público, era uno de los almacenes que, junto con Valdiri, Piccadilly e Importex… gozaban de alto good will y magnífica clientela que se extendía hasta Venezuela, especialmente en épocas de vacaciones.

En La Moda al Día, los seis Roa Suárez tuvimos entrenamiento y justa remuneración que nos vinculó al ejercicio comercial, en distintos momentos de nuestra evolución personal. Allí, aprendimos a conocer la consagración al trabajo, el valor del dinero y la honradez que debía ejercerse en las prácticas comerciales y en la vida. También, aprendimos a competir, en la medida que estaban institucionalizados premios mensuales para los mejores vendedores y un sistema justo de remunerar la labor realizada en las ventas.

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Sus viajes a Estados Unidos y a algunas capitales europeas, le facilitaron la profundización en los valores democráticos y en el conocimiento de la diversidad cultural del mundo occidental. Por su formación, experiencia y prestigio, hizo parte del Comité de Comercio de Bogotá y al fallecer se recibió una nota muy significativa del reconocimiento a su gestión, por parte de su Presidente, el doctor Puyo Delgado.

Complementariamente, quisiera recordar que, con motivo de los 25 años de papá haber terminado su bachillerato (1944), se llevó a cabo una reunión en San Bartolomé la Merced y entre los compañeros que asistieron figuraron: el médico Ramón Atalaya (Rector de la Universidad Nacional), el abogado, magistrado y miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia Gonzalo Gaitán y el educador y primo hermano de mamá, Jesús Casas Manrique, fundador del Liceo de Cervantes… Como un detalle particular, recuerdo que la reunión estuvo acompañada del sacerdote Carlos Ortiz Restrepo, director de su curso en 1919, quien llegó a ser ulteriormente, Rector de la Universidad Javeriana.

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Entorno familiar. Papá fue hijo de Timoteo Roa y Wenceslaa Rivera de Roa quienes, teniendo raíces boyacenses en el Valle de Tenza y en Villa de Leyva, vivieron y fallecieron en La Mesa. Fueron sus hermanos: Ofelia, Emma, Araminta, Inocencio, Mauro y Manuel que se dedicaron fundamentalmente al ejercicio del comercio en diversas regiones de Colombia. El abuelito Timoteo fue en una época profesor y posteriormente un próspero comerciante en la Provincia del Tequendama, entre fines del siglo XIX y los primeros decenios del XX. De tradición liberal, el abuelito participó en la Guerra de los Mil Días, en las huestes de Rafael Uribe Uribe.

A los 32 años, se casó con Cecilia Suárez Casas a quien había conocido por ser hermana de su amigo y compañero de trabajo, Chepe. De su unión, nacieron sus hijos: Rafael, ingeniero mecánico uniandino, miembro de la ACIEM y alto funcionario de Puertos de Colombia; Pedro José, profesional en Estudios Generales de la Universidad de Texas en Arlington y especializado en venta de finca raíz en Estados Unidos; Cecilita, bachiller del Colegio de la Enseñanza, egresada del Centro Universitario de las Mercedes y coadministradora de La Moda al Día; Hernando, abogado, socioeconomista, especializado en Ciencia Política, y magister en desarrollo económico latinoamericano. Profesor universitario, Director Nacional de la Escuela Superior de Administración Pública y cofundador de la primera Escuela de Alto Gobierno de Colombia, adscrita a la ESAP. Miembro de la Academia Colombiana de Jurisprudencia. María Teresa, bachiller del Colegio La Presentación de Chapinero, con estudios en secretariado e idiomas y funcionaria en Cabarría Cabo y Compañía de Bogotá; y Juan Manuel, bachiller cervantino, estudiante de derecho y administrador de La Moda al Día.

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Por su intachable conducta, consagración al trabajo, generosidad, espíritu deportivo y responsabilidad con la familia, se hizo acreedor al afecto y al respeto de sus cuñados, cuñadas y parientes más cercanos: Alfonso, Chepe, Bernardo, Efraím, Pepa y Clementina. Así mismo, era frecuente que, a lo largo de los años, se reunieran en los respectivos cumpleaños y disfrutaban de la compañía de las tías y cuñadas: Blanca Fajardo, Alicia Montenegro y María Ester Guzmán. En reuniones más ampliadas, contaban con la compañía de los primos: Jorge Ferro y Soledad Casas; Alfonso Arboleda y Paulina Casas; Fidel Casas y Maruja Otoya, que eran todos de su generación.

Papá no frecuentó muchos amigos y entre los que recuerdo, tuvo un gran afecto por su compañero de bachillerato Gonzalo Gaitán y los médicos y profesores de la Universidad Nacional: Fernando Schoonewolff y Carlos Fisher. Con alguna frecuencia, pasaban a saludarlo, Vicente y Manuel Casas y los hermanos Hernando, Daniel, Ignacio y Eustacio Casas Fajardo.

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Si pensamos en las cualidades sustantivas de papá, que incidieron positivamente en mi formación, podría destacar: su consagración y amor al trabajo; honestidad; solidaridad social; vocación de triunfo; conocimiento y respeto por los valores colombianos y latinoamericanos, y dedicación indeclinable a los principios y prácticas de la democracia de origen liberal.

Preferencias políticas. A lo largo de su existencia, papá perteneció a la corriente liberal colombiana y recuerdo con claridad que tuvo una gran admiración por Rafael Uribe Uribe, a quien conoció cuando tenía 14 años y a cuyo entierro asistió ya que falleció como consecuencia de los hachazos recibidos en el ala oriental del Capitolio, por los obreros Galarza y Carvajal, en frente a su colegio San Bartolomé.

Frecuentemente, lo oí hablar -con una gran admiración- de: Alfonso López Pumarejo, Darío Echandía, Jorge Eliécer Gaitán, Alberto Lleras Camargo y Carlos Lleras Restrepo. Rememoro bien que el 9 de abril 1948, papá sintió profundamente el asesinato de Gaitán y por supuesto, recuerdo conversaciones de él con sus amigos cercanos, cuestionando especialmente el fanatismo de Laureano Gómez, sus copartidarios y todos los sectarios de cualquier signo.

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Fue un asiduo lector de El Tiempo y cuando sus hijos teníamos entre 4 y 14 años, con frecuencia nos leía, especialmente al almuerzo: los editoriales de Alberto Lleras, y las columnas de Lucas Caballero (Klim) y Enrique Santos Montejo (Calibán) quienes fueron en su tiempo los periodistas más leídos de Colombia. Regularmente, y sobre todo, en momentos políticos críticos, nos leía y dialogábamos en torno a los contenidos de los editoriales serios e incisivos de El Espectador. También, fue muy útil disfrutar los aportes originales plasmados en la Revista Semana, fundada por Alberto Lleras. Coherente con sus convicciones y valores, leyó, estudió y dialogó, lo que significó para Colombia la creación y el desarrollo del Frente Nacional, habiendo visto solo seis años de su ejecución (1958-64).

Complementariamente, papá aprendió de Bethoveen la significación de la música y por ello, nos enseñó a disfrutar dimensiones sustantivas de la clásica; algunas de las óperas, zarzuelas y arias más conocidas de su tiempo. Así mismo, se deleitaba especialmente con la música andina colombiana (Garzón y Collazos, Oriol Rangel, Espinosa y Bedoya, los Hermanos Martínez, Carlos Julio Ramírez, Víctor Hugo Ayala…)

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Anotaciones finales. Tomando distancia frente a su fecunda vida y realizaciones, me inclino a pensar que papá fue una personalidad consagrada y disciplinada que se trazó el gran ideal de ejercer -perseverante y éticamente- su vocación comercial y paternal, delegando en mamá el manejo sustantivo del hogar. Él confiaba en ver triunfar a sus hijos y nietos en el ejercicio de sus profesiones y que fueran “ciudadanos dignos del respeto de sus semejantes”.

Es evidente que su ejemplo fue para mí el mejor de sus discursos y así lo he tratado de practicar con mis hijos y alumnos. Conocedor de la sentencia de Juvenal: Mente sana en cuerpo sano, la practicó todos los días, ejercitándose durante 15 minutos con ejercicios del conocido fisicoculturista norteamericano, Charles Atlas.

Sí, Rafael Roa Rivera fue un maravilloso y afectuoso padre y abuelo, que nos trazó un ejemplo de vida digno de ser imitado y superado. Recuerdo ahora que, cuando el 18 de abril de 1996, fui designado –gracias a mi hoja de vida y profesionalismo- Director Nacional de la Escuela Superior de Administración Pública, mi primera reacción, una vez sentado en el escritorio del Director y en profunda soledad, fue que exclamé íntimamente: “Gracias, papá; tu ejemplo y el amor y consagración de mamá, fueron fundamentales para haber llegado hasta aquí”.

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Desearía agregar ahora que, mi labor de 24 años (1975-1999) desarrollada en la ESAP, contó con la sombra tutelar de mis padres y el ejemplo, como líder político demócrata y ético, del Fundador de la Escuela, el Señor Expresidente Alberto Lleras Camargo.

Recordando a Séneca, puedo sostener que papá tuvo una corta vida, pero un ejemplo eficaz; su existencia facilitó una intensa y bella labor con consciencia solidaria. Querido padre: han pasado casi 60 años desde que falleciste y cada día te amo y admiro más, por lo que fuiste. roasuarez@yahoo.com

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