Ser constructores de paz debe ser una tarea prioritaria para nuestros futuros líderes políticos democráticos y estadistas.
Los dirigentes de los partidos políticos y los movimientos sociales, están comenzando a definir sus estrategias, tácticas y candidatos a la Presidencia de la República y a cuerpos colegiados de 2022, en “una campaña problemática”(1). Es tiempo de reflexiones. Colombia, en medio de los impactos reales del Covid, tiene una oportunidad para renovar las orientaciones políticas que han puesto en peligro la estabilidad de nuestra democracia.
Las siguientes reflexiones sociopolíticas son el resultado de mi trabajo académico, investigativo, administrativo e innovativo que me ha acompañado en el intervalo 1964-2021. Sabemos que ante la actual crisis política (del Estado, los partidos políticos, la gobernabilidad democrática, los grupos de presión, los movimientos sociales, los liderazgos políticos democráticos…), estamos invitados a tomar distancia y a pensar con dimensión de profundidad en el destino de la democracia colombiana y latinoamericana; debemos ser previsivos y adelantarnos a los acontecimientos.
Observemos que quienes se han enriquecido ilegalmente, especialmente en los últimos decenios (paramilitares, narcotraficantes, guerrilleros, politiqueros, delincuencia organizada y sus diversas combinaciones), mediante el empleo de las armas, las amenazas, el tráfico de influencias, la astucia y ante la falta de presencia del Estado –”tenemos más territorio que Estado”(2)- van a seguir dando sus batallas y ejerciendo su poder e influencia, para continuar usufructuando la riqueza y el poder ilegítimamente adquiridos.
Entonces, son objetivos de esta serie de columnas: Primero. Presentar un conjunto de reflexiones que, desde la perspectiva democrática participativa, condensen aportes a la comprensión de problemas histórico-estructurales que amenazan, como en otros territorios del mundo contemporáneo, la estabilidad y la profundización de nuestra democracia y la construcción de la paz. Segundo. Servir de puente entre el trabajo académico riguroso y el periodismo de opinión; y Tercero. Invitar al lector a realizar ejercicios de correlación múltiple -entre las elaboraciones- y a la construcción de un pensamiento democrático renovado que, aplicado a la realidad, concrete los enunciados aquí plasmados.
Acerquémonos a las reflexiones. Las de hoy, están centradas en la problemática de la construcción de la paz por considerar que es el tema más significante – y de cuya implementación- depende el futuro nuestra democracia.
· En medio de grandes dificultades histórico – estructurales (económicas, políticas, sociales, culturales, ambientales e internacionales) y de un dinámico proceso de globalización, me inclino a pensar que el destino de Colombia debe encausarse por los preceptos de la democracia participativa -con componentes social demócratas- que nos permitan enfrentar creativamente la inequidad, la injusticia social y las distintas manifestaciones de violencia.
· Al revisar el proceso histórico de nuestra Nación, en los últimos siete decenios (1948 – 2018), encontramos que, el mayor problema para resolver el futuro de Colombia, está relacionado con los impactos de la anomia (conductas desviadas) y la atonía (falta de cohesión social) con el de las violencias y la construcción de la paz(3).
· Ante la complejidad y originalidad de los procesos de construcción de la paz en Colombia, puede resultar muy útil caracterizar los distintos tipos de violencias. Un camino viable puede ser realizar las siguientes periodizaciones: 1948-1953 (Asesinato de Gaitán. Golpe de opinión contra Laureano Gómez); 1953-1957 (Gobierno de Rojas Pinilla); 1957-1974 (Gobierno de transición y desarrollo del Frente Nacional); 1974-1986 (Gobierno de López Michelsen. Fin del gobierno de Belisario Betancur. 1985: Toma del Palacio de Justicia); 1986-1990 (Gobierno Barco. Firma de amnistía con el M-19. Surgimiento de nuevas formas de violencia unidas al narcotráfico y el paramilitarismo); 1990-1994 (Gobierno Gaviria. 1991: Convocatoria Constituyente. Firma de la Nueva Constitución); 1994-1998 (Gobierno Samper. Proceso 8000; concreción de importantes proyectos sociales; fortalecimiento de la Función Pública y de la ESAP); 1998-2002 (Gobierno Andrés Pastrana. Diálogos de paz. Fracaso negociaciones del Caguán); 2002-2010 (Gobierno Uribe. Acorralamiento a las FARC; problemáticas reeleccionista y paramilitar); 2010-2014 (Gobierno Santos. 2012: Negociaciones de paz en la Habana. Fortalecimiento del ambiente político democrático y las relaciones diplomáticas y comerciales con los países vecinos). 2014–2018 (Reelección del Gobierno Santos. 26 de septiembre de 2016: Firma del Acuerdo de Paz en Cartagena; 2 de octubre de 2016: “Plebiscito por la paz”; y 24 de noviembre de 2016: Firma del ACUERDO FINAL para la TERMINACIÓN DEL CONFLICTO & LA CONSTRUCCIÓN DE UNA PAZ ESTABLE Y DURADERA. Teatro Colón, Bogotá).
· La Constitución la podemos definir como: La Ley de leyes; la Norma de las normas, a la cual está sometido el conjunto de nuestro ordenamiento jurídico. También, es la Ley escrita fundamental de la organización de nuestro Estado, que ha sido ordenada sistemáticamente en los poderes ejecutivo, legislativo, judicial y electoral. Asimismo, es un documento jurídico-político básico para el cumplimiento y desarrollo del Estado de derecho; es en él, donde se “organizan las instituciones del Estado y se fijan sus reglas de funcionamiento”.
· Es útil correlacionar el PREÁMBULO y los artículos 2, 22, 67, 95, 189 y 218 de la Constitución Política; observemos las concordancias y desentrañemos la significación que el legislador le otorgó a la problemática de la paz; ella es un tema trasversal del que se ocuparon los constituyentes de 1991.
· Científicos sociales reconocidos, asesores gubernamentales rigurosos e importantes autoridades de Naciones Unidas, desde el decenio de los setentas, conciben la paz como la ausencia de violencia abierta, estructural y cultural.
· Nuestra Constitución define que: “La paz es un derecho y un deber de obligatorio cumplimiento”.
· Como constructores de paz, vale la pena propugnar por la institucionalización de la equidad y de la justicia social, fundados en los designios superiores de los presupuestos democráticos constitucionales.
· Estamos invitados a prescindir de las actitudes asumidas por los ignorantes, indiferentes, enemigos y politiqueros y a proponer alternativas viables que preserven los principios constitucionales y las prácticas propias de la democracia participativa y el Estado social de derecho.
· Promover una nueva cultura de paz implica construir solidariamente formas de ver, vivir y sentir la ausencia de violencia abierta, estructural y cultural.
· Si hemos de ser reconocidos como defensores de la paz, deben existir manifestaciones expresas de nuestro compromiso; y en él, lo que está en juego es el ser dinámico y creador, porque comprometemos no tanto el presente, cuanto nuestro porvenir.
· Hoy, como ayer, hacer no es agitarse; es realizar lo difícil. Por tanto, nos corresponde intervenir en la construcción de la paz, que es el proceso más difícil; allí está en juego el destino democrático de nuestras naciones
Referencias
1. Francisco Leal B, (2021). Una campaña problemática. El Espectador, febrero 5, p.18.
2. Rodrigo Escobar y Luis Carlos Galán, lo plantearon incisivamente.
3. Véanse las publicaciones de Jaime Jaramillo Uribe, Jorge Orlando Melo, Álvaro Tirado Mejía y la publicación especial: COLOMBIA 200 AÑOS DE IDENTIDAD. 1810-2010. 5 tomos. Universidad Nacional de Colombia - Revista Semana, (2010).