Hiroshima y Nagazaki: nunca más

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A las 8:15 del 6 de agosto de 1945, Estados Unidos, por medio de un avión B-29, lanzó sobre Hiroshima la primera bomba atómica utilizada en contra de la población civil, lo que significó uno de los cambios más amargos de la historia, “los últimos minutos de una era”.

En cuestión de instantes, una noche oscura cubrió a Hiroshima y en forma inmediata murieron 70 mil personas y miles quedaron heridos. Tres días después esta escena de horror y crueldad se repetía en Nagasaki, donde 39 mil personas perdieron la vida.

El 6 agosto de 2020 se cumplen 75 años de los bombardeos de Hiroshima y Nagazaki, una dolorosa lección de la historia que no debería ser olvidada jamás, en un mundo que parece no dispuesto a detener ni a disminuir la intensidad de su carrera armamentista.

Datos oficiales indican que de 1945 a 1950, a la sombra de Hiroshima y Nagasaki, habían fallecido 340 mil personas por las consecuencias de la bomba y, sobre todo, por los efectos de la radiación, como si el ruido devastador de las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki no pudiera ser detenido, seguía provocando dolor y sufrimiento ante los ojos atónitos del mundo, ahora testigo de uno de los hechos más inhumanos de la historia.

El desarme nuclear de todo el mundo es uno de los objetivos más antiguos de la Organización de las Naciones Unidas. La primera resolución referente a ese tema fue aprobada en 1946. El 26 de septiembre de cada año se celebra el Día Internacional para la Eliminación Total de las Armas Nucleares.

Expertos afirman que, desde el fin de la Guerra Fría, este es quizás el momento de mayor riesgo del uso de armas nucleares, pues se han incrementado las confrontaciones entre los Estados que las poseen. Y sin mirar hacia atrás, algunos Estados detentores de gran poder nuclear, vestidos de una arrogancia típica de dueños del mundo, han anunciado que podrían utilizarlas si les pareciera necesario.

En este sentido, 75 años después de Hiroshima y Nagazaki el mundo está en las manos de nueve países: China, Corea del Norte, Estados Unidos, Francia, India, Israel, Pakistán, Reino Unido y Rusia y sus aliados.

Según los últimos datos del Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo (SIPRI, por su sigla en inglés), en el mundo existen aproximadamente 14.465 armas nucleares, pero un 92 % de las mismas están en Estados Unidos y Rusia.

En julio de 2017, 122 Estados adhirieron al tratado sobre la prohibición de las armas nucleares. Hasta el presente momento, solamente 40 lo ratificaron, pero para que sea jurídicamente vinculante se necesitan 50 ratificaciones.

Además, acuerdos preestablecidos con objetivos de destruir arsenales han sido abandonados en los últimos años a la par con una incesante innovación bélica, lo que demuestra que el mundo camina hacia una nueva carrera armamentística. En ese sentido, las palabras de Einstein aún retumban tristemente: “Las armas nucleares han cambiado todo, excepto nuestros modos de pensamiento”.

“En el diario de navegación, Robert Lewis, tripulante del Enola Gay, escribió apenas vio el hongo formarse en el horizonte: “¡Dios mío! ¿Qué hemos hecho?”.

En el mundo del COVID-19, que empieza a romper paradigmas para reconstruirse, ojalá sin la normalidad obsoleta y superficial de antes, es fundamental que la comunidad internacional una esfuerzos para eliminar y prohibir esas armas para que no se pregunte tardíamente: ¿Dios mío, que podríamos haber hecho?”.

* Profesora Universidad Externado de Colombia.

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