Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Los críticos anglosajones que escribieron de manera lastimosamente irónica sobre el primer largometraje de Simón Brand, Unknown (2006), coincidieron en el carácter derivativo de un filme que parodiaba megahits del misterio como Reservoir Dogs (Tarantino, 1992), Memento (Nolan, 2000) o Saw (Wan, 2004). El tópico de las influencias animó el debate. Si Unknown hubiera estado primero, sería una revelación tocada por la autenticidad; una década después de Reservoir Dogs, el tiempo hacía de Unknown otro ejercicio de artesanía cinematográfica. Una evidencia notable cuando recordamos que el adiestramiento de Brand filmando videoclips y comerciales para televisión, le ha permitido conocer el medio y las posibilidades de la imagen. De hecho, Unknown se atreve con el suspenso dosificando la información alrededor de la intriga con agilidad narrativa y visual.
La circunstancia se repite en Paraíso Travel (2007): la forma aventaja a la historia y el cine de género –en este caso, las películas sobre el drama de la inmigración latinoamericana hacia Estados Unidos–, se rezaga ante la capacidad visual de Brand.
"Tráiganme clichés nuevos”, gritó el productor Sam Goldwyn en Hollywood. Después de que la novedad de un cliché se convertía en moda, era necesario continuar la búsqueda de otras fórmulas que, con el tiempo, serían igualmente repetitivas. Desde el año 2000, cuando Amores perros estimuló a los guionistas para hacer de sus historias rompecabezas de espacio y tiempo, el ejemplo se imitó hasta la degradación del hallazgo.
El guión de Paraíso Travel alterna el antes y el después del viaje que emprenden Marlon (Aldemar Correa) y Reina (Angélica Blandón) por geografías y tiempos distintos para buscar el efecto dramático del flashback. Sin ser tan arriesgada en su estructura como las películas de Iñárritu escritas por Guillermo Arriaga, el lugar común se descubre sentimental y temáticamente: las ilusiones de los inmigrantes serán pesadillas en el trayecto del viaje; salpicados por el robo, los ultrajes y el riesgo, los sueños se convertirán en sinónimos del horror; cuando crucen la frontera lo harán de una manera humillante y, quizás, un ángel de la guarda los salve –excepcional y aparte de lo repetitivo y lo predecible cuando Germán Jaramillo recuerda al verdadero ángel de Jackson Heights, Orlando Tobón, tanto como Margarita Rosa de Francisco cuando exhibe con la energía de la locura el abismo en el que vive Raquel y cuando Ana María Sánchez se presenta como Patricia, una mujer de voz suave y maternal, sin necesidad de rasgos operáticos para proyectar la dimensión de su personaje.
El repertorio del cine sobre la inmigración y sus infortunios ha servido para películas originales como El súper (Ichaso, 1979) o Los tres entierros de Melquíades Estrada (Jones, 2005), así como también para una exposición de motivos cercanos entre sí por el sinónimo de Nueva York como un reto a vencer en El séptimo cielo (Fischer, 1999), María llena eres de gracia (Marston, 2004) o Proof of Birth (Orbegozo, 2007). En el contraste, Paraíso Travel prolonga el género con una historia de amor que enfatiza en el melodrama y hace de las situaciones muestras de un folclor forzadamente pintoresco, encarnado por John Leguízamo y Vicky Rueda con el color de la picaresca.
Se insiste tanto en la ingenuidad de Marlon, que al talento dramático de Correa lo limita su interpretación como representante de una idiosincrasia que los guionistas, Jorge Franco y Juan Rendón, ironizan a través del énfasis en el provinciano modelo antioqueño –aún así, la presencia escénica de Correa salva al actor a pesar de la caricatura.
Entre la dirección de Brand, en la que demuestra el conocimiento de su oficio, y el guión que encuentra y desencuentra a los personajes para jalonar la historia –hasta descubrir que Reina emprendió el viaje inspirada por una nobleza disfrazada de engaños con tal de estar junto a Raquel, su madre–, quisiéramos clichés nuevos para el talento de un director, enfrentado en Paraíso Travel a un guión con el carácter de un best seller, donde importa más la sociología que hay detrás de la historia, que la manera de contar la historia.
hugochva@telecom.com.co
