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La ginebra del gladiador

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Hugo Sabogal
03 de junio de 2012 - 01:00 a. m.
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La idea de este licor nació en la cabeza de un banquero de origen indio radicado en Nueva York, quien decidió incursionar en los destilados con la misión de romper con las tradiciones.

El mundo de las ginebras siempre ha proyectado una imagen de clásico refinamiento inglés. Es más: la mayoría de las más afamadas marcas se definen como London Dry Gin (ginebra seca londinense), con nombres, etiquetas, caligrafía y tipografía de minucioso estilo. Tanqueray, por ejemplo, es el apellido de Charles, su carismático y visionario creador; Bombay Sapphire rememora la importancia del Virreinato de la India, uno de los territorios más preciados por los británicos; London No. 1 no deja duda sobre su origen; Hendricks, con su botella oscura de farmacia y sus insinuaciones herbáceas y florales, destaca el carácter único del suelo escocés.

¿Pero qué decir de una ginebra bautizada con el nombre de Bulldog, ese famoso perro gladiador inglés? La verdad es que esconde no pocas sorpresas.

Bulldog Gin, que acaba de hacer su ingreso a Colombia, no tiene nada que ver con gloriosas historias del pasado. Es una ginebra nacida en la cabeza de un banquero de origen indio radicado en Nueva York, quien decidió incursionar en el mundo de los destilados con una sola misión en mente: romper con las tradiciones y ofrecer un producto ajustado a sus expectativas.

Precavido y realista, Anshuman Vohra, nacido en Estados Unidos y egresado de la universidad W&M, de Wiliamsburg, Virginia, planificó cada paso del proyecto, mientras continuaba devengando un jugoso salario como vicepresidente del banco Carl Marks.

A diferencia de muchos otros jóvenes ambiciosos, Vohra no quiso explorar los sectores tradicionales. Se enfocó en producir una ginebra premium después de notar que esta bebida venía perdiendo su participación de mercado.

Durante meses se dedicó a probar todas las ginebras comercialmente disponibles en Estados Unidos, con el fin de construir cuadros comparativos de aromas, sabores, precios y percepciones de valor. Echando mano de su experiencia como banquero, consiguió capital para iniciar su proyecto. Una de sus primeras acciones fue contratar a una centenaria destilería londinense, con más de 200 años de experiencia. Luego incorporó a un empresa publicitaria.

Y como buscaba romper esquemas, empezó por incorporar otros componentes botánicos, como semillas de amapola, flor de loto, ojo de dragón y esencia de almendras, con un trasfondo cítrico. Finalmente aceptó someter sus alcoholes a un proceso de cuatro destilaciones.

Todo este conjunto de ingredientes y procesos dio como resultado una bebida provocadora pero no alternativa, que ha encontrado un lugar entre consumidores de 30 a 40 años. Según Vohra, “no es para los abuelos”.

En Colombia, las tareas de importación y distribución están a cargo de la empresa DLK, la misma que hace poco incorporó en su portafolio el abanico de mezcladores de la marca Fever Tree, incluida su Indian Tonic Water.

Hoy, Vohra se dedica a viajar, realizando un tipo de actividad que dista mucho de sus días de banquero, cuando no despegaba sus ojos de una pantalla de computadora. “Ni me doy cuenta que estoy trabajando”, dice.

Bulldog ha tenido dos pruebas de fuego durante su corta vida: la crisis de la economía estadounidense y la emergencia económica que sacude a España. ¿Cómo explica que Bulldog no se haya desplomado? Así le respondió Vohra al Wall Street Journal: “Cuando todo anda bien, la gente sale y se toma una bebida para celebrar. Pero cuando las cosas marchan mal, uno ahoga sus penas en una buena copa”. 

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