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5 Dec 2021 - 2:00 a. m.

La supervivencia del café

Entre Copas y Entre Mesas.

Una de sus metas es pasar algún tiempo en Etiopía, donde miles de arbustos brotan de manera silvestre en el territorio primitivo del café. / Cortesía: Cultura Colectiva News
Una de sus metas es pasar algún tiempo en Etiopía, donde miles de arbustos brotan de manera silvestre en el territorio primitivo del café. / Cortesía: Cultura Colectiva News
Foto: Cortesía: Cultura Colectiva News

La reciente cumbre climática de Glasgow volvió a pintar de negro el devenir del planeta.

Todo cuanto se prometió allí en palabras (mas no en acciones prontas y concretas) parece insuficiente para asegurarles bienestar a quienes vienen detrás.

Tampoco parece haber espacio para imaginarnos un mundo mejor en áreas como el café y el vino.

Empiezo por el primero (luego lo haré con el vino), porque tengo muy fresca la conversación que sostuve hace pocos días con César Echeverry, investigador, líder e inspirador cafetero, quien en una sesuda obra de cinco libros sobre la historia del café demuestra que hay razones para pensar que no todo está perdido.

Me reconforta su optimismo y su capacidad de imaginarse una opción distinta a la debacle en los cultivos por acción del calentamiento global.

El campo de enfoque de Echeverry —reforzado con aportes de cientos de colegas suyos— avizora lo que ocurrirá de aquí al año 2100.

El ajuste deberá ser radical, e incluye el uso de nuevas especies y variedades de café, así como la recuperación de los sistemas de sombra y la urgente adopción de una agricultura regenerativa. Mucho de esto ya está en marcha, aunque no de manera colectiva.

Sobre el delicado pronóstico de la débil especie arábiga, columna vertebral de buena parte de la caficultura mundial, Echeverry no ve otra salida que rescatar materiales genéticos, en la misma fuente de origen, es decir, en África.

Incluso, una de sus metas es pasar algún tiempo en Etiopía, donde miles de arbustos brotan de manera silvestre en el territorio primitivo del café.

Mientras tanto, el mercado deberá bajarles presión a las variedades arábigas existentes, que no solamente son más costosas, sino menos productivas. La salida prevista por Echeverry, actual director de Tecnicafé, es acentuar su segmentación como producto delicado, diferenciado y de alta calidad, que responda con carácter a los procesos poscosecha, lo mismo que al empleo de métodos de producción innovadores y a una asertiva definición de identidad. Luego habrá que transformar la cadena internacional de valor, por fuera de los actuales intereses oligopólicos.

¿Qué hacer, entonces, con el mercado de volumen? No habrá más remedio que adoptar la especie robusta y sus respectivas variedades, que son naturalmente más resistentes a las plagas y a los retos climáticos, aunque de inferior calidad.

Y aquí Echeverry hace el símil de lo que sucedió con la industria automovilística europea cuando debió enfrentar la llegada de los vehículos japoneses, coreanos y chinos de bajo costo. Las marcas de abolengo no se dedicaron a competir por precio con los nuevos jugadores, sino que agregaron valor y calidad a su oferta, además de fidelizar a sus clientes y crear un fuerte concepto de identidad y prestigio

“Eso mismo debe hacer Colombia con sus cafés arábigos; es decir, mirar estratégicamente hacia dónde va, sin pensar en producir más, con productos baratos y de menor calidad. Al contrario: debe dedicarse a agregar valor y generar una mejor relación con sus clientes y consumidores”.

Si en este tipo de estrategia participa todo el sector con una visión compartida, quizá veamos los frutos mucho antes de finalizar el primer siglo del nuevo milenio.

*Para los interesados, la entrevista con César Echeverry se puede oír en mi canal de audio Vivir Café Revista en pódcast.

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