Existen muchas maneras de cocinar un pulpo: los japoneses, por ejemplo, lo hierven en agua con rábanos blancos, y en Grecia lo cocinan y luego lo dejan secando al sol antes de asarlo a la parrilla (en efecto, uno de los mejores pulpos de mi vida lo despaché en el Milos, un griego destacado de Nueva York).
Incluso, encontré en cierta oportunidad esta complicadísima fórmula: “Lave el pulpo, límpielo retirando el saco de la tinta y los órganos internos, ponga a hervir tres ollas, cada una con un corcho adentro. Cuando el agua esté hirviendo, sumerja el pulpo en la primera olla y retírelo cuando el agua deje de hervir. Luego proceda igual sumergiéndolo en la segunda olla y, acto seguido, en la tercera. Repita esta secuencia una vez más y al final déjelo hervir en la primera olla durante 20 minutos”. ¿Pueden creerlo? Yo simplifico en mi cocina: en la olla con agua hirviendo lo sumerjo y lo saco varias veces rápidamente para que los tentáculos tomen forma de espiral y lo dejo luego durante máximo 40 minutos en agua hirviendo. Luego, se puede hacer de mil maneras, aunque mi preferida es quizás a la gallega, sin más que aceite de oliva, páprika y sal marina. Esta semana quiero proponerles un pulpito simplemente al ajillo y muy tostado, eso sí.
Pulpo al ajillo
Ingredientes
1 pulpo
Aceite de olivas
2 a 3 dientes de ajo cortados en láminas finas
Ají seco o peperoncino
Sal de mar
Preparación:
En una sartén con suficiente aceite de oliva y el ajo comience desde frío y suba lentamente la temperatura hasta que el ajo comience a dorar. Retire el ajo para evitar que se queme y reserve. Agregue el pulpo cortado en tentáculos y sofría a temperatura media para que se dore lentamente. Luego devuelva el ajo, añada el ají seco y finalice con un toque de sal de mar.