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Primer bar de vinos en Bogotá

Hugo Sabogal

06 de diciembre de 2008 - 10:00 p. m.

El proyecto está liderado por Juan Antonio Zuleta, un ingeniero industrial que quiere llegar a ser ‘sommelier’. Lo más innovador del local es la implementación de las máquinas Enomatic para conservar el licor.

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Juan Antonio Zuleta viene de uno de los mundos donde tener buena nariz se considera un atributo profesional único. Se trata del universo de las flores, al que dedicó buena parte de sus últimos años laborales. Pero desde que se educó en Europa, hace unos 30 años, incorporó a su vida otra pasión, para la cual el olfato también es indispensable: los vinos.

Primero fueron los clásicos españoles, luego los franceses, pero hoy su repertorio incluye botellas de todos los puntos de origen conocidos. Se ha tomado tan a pecho el tema, que este ingeniero industrial de la Universidad de los Andes está hoy estudiando para la carrera de sommelier. No lo hace para exhibir el diploma frente a sus amigos, sino para acumular mejores conocimientos con el fin de dirigir y fijarle el rumbo al primer wine bar (bar de vinos) de Bogotá.

Aunque ha habido intentos fallidos en el pasado, Clos, el nombre del nuevo lugar, es único en su estilo y formato. “A pesar de que la fiebre del vino comenzó hace más de diez años, apenas ahora se hizo evidente que Bogotá estaba lista para una sitio donde el vino fuera el centro de atención”.

Clos, ubicado en la llamada Zona G, está repartido en tres pisos y en sus horas más agitadas albergará, cómodamente, a unas 80 personas. Podrán distribuirse en terrazas, sofás, mesas y barras, o en la cava reservada del altillo.

Lo más revolucionario del lugar tiene que ver con la actitud de los creadores frente al tema. “En esta ciudad ha sido tradicional que el vino sea el patrimonio de los entendidos. Nosotros, en cambio, hemos querido simplificar el asunto, para que cada cliente construya su propia experiencia sensorial. No queremos que esto sea una universidad o un centro de conocimiento ilustrado. La idea es que la gente venga a disfrutar”.

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Y para que esto sea posible, Clos —que abrirá sus puertas en un par de semanas— contará con 50 vinos permanentes para vender por copa. La carta general, por otra parte, tendrá más de 380 referencias, todas las cuales se venderán fraccionadas a lo largo del año, con un cambio de menú cada 45 días. Los precios por copa oscilarán entre $7.000 y $50.000. Pero también podrán ordenarse botellas y vinos de todos los estilos, como blancos, tintos, rosados, espumantes, dulces y licorosos, y elaborados en el Viejo o el Nuevo Mundo.

Aunque algunos establecimientos en el país disponen de una amplia gama de productos para vender fragmentados, es la primera vez que se recurrirá a máquinas Enomatic, de fabricación italiana, que garantizan medidas precisas y una conservación adecuada.

El local incluirá seis máquinas, con capacidad para ocho botellas cada una. Lo más llamativo de Clos es que el aficionado podrá comprar una tarjeta recargable, que le permitirá, si lo prefiere, el autoservicio. “En tal caso, cada persona elegirá su propio vino y se servirá su propia medida. Pero también dispondremos del tradicional servicio a la mesa. El hecho es que cada cual podrá tomar lo que guste. Y esto brindará la posibilidad de tomar la decisión por sí solo, sin ninguna interferencia”.

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Pero como Clos también será el punto de encuentro de los entendidos, no se ha dejado pasar por alto ningún detalle. Se incluirán vinos de etiquetas codiciadas y se podrá también consumir vino por botella. Además, se contará con un menú de degustación, pensado en función de los vinos disponibles en la carta. Zuleta dice que, a diferencia de la experiencia gourmet en un restaurante (donde el comensal pide el vino para acompañar un plato determinado), aquí el amante del vino elige primero su botella y luego sí podrá pensar en los platos.

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En un país que se mueve hacia un consumo alcohólico de menor cantidad y mayor calidad, la aparición de Clos es un hecho para celebrar. Hacía falta en Bogotá un sitio que equilibre las cargas de aquellos que se dedican al vodka, al whisky o a la cerveza. La visión de Zuleta y sus inversionistas debe ser apoyada por todos aquellos que encuentren en el vino un vehículo para compartir con familiares, amantes o amigos.

Desde este espacio estaremos siguiendo la evolución de Clos, que tiene entre sus colaboradores a la brillante Alejandra Naranjo, una sommelier colombiana graduada en Francia. Esto nos invita a pensar que la próxima cita con los vinos será allí.

Clos Calle 69A No. 5 - 60Tel. 321  2568. Bogotá.

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