Tomar algo después de comer es una costumbre muy arraigada en el Viejo Mundo, pero en nuestro entorno tropical es un hábito poco enraizado. Les presento algunas buenas opciones.
Muchos de nosotros estamos de plácemes, porque la temporada navideña y de fin de año siempre es la excusa perfecta para reunirse en familia o con amigos. En muchos casos, es la época en que los hijos pródigos vuelven a casa. Y la manera de celebrarlo es con largos y agradables almuerzos y no pocas cenas. Después nos ocuparemos de bajar ese kilito de más.
Como es tradicional, siempre habrá lugar en la mesa para buñuelos, natillas y para una multitud de tentempiés mientras se sirven los platos fuertes. No faltará un espumante o una refrescante copa de vino blanco o rosado para brindar por el reencuentro. Algunos, sin embargo, preferirán algo más animoso, como un gin & tonic, un vodka con jugo de naranja o un whisky en las rocas.
Con la cena, obviamente, habrá vinos de distintos tipos y estilos, dependiendo de la complejidad o contundencia de los platos. Y todos —hasta los mayores— levantarán sus copas por el momento vivido. Pero a pesar de que pasarán dos o tres horas de charla y regocijo, ese período, aún así, será insuficiente, y todos querrán seguir conversando con el postre o después del café. Y justo en este momento alguien preguntará: “¿Qué nos podemos tomar?”.
Beber algo después de comer es una costumbre muy arraigada en el Viejo Mundo y en algunas ciudades de Norte y Suramérica. Pero en nuestro entorno tropical es un hábito poco enraizado.
Entonces, ¿en qué consisten las llamadas after dinner drinks o, como muchos otros prefieren referirse a este momento, el tiempo del pousse café?
En primer lugar están los vinos de postre (o los vinos como postre). Igual que ocurre con los platos salados —que exigen, según sus ingredientes o tipos de cocción, un blanco o un tinto—, los distintos postres y sus insumos y preparaciones reclaman un tipo particular de vino, siempre dulce. En la línea de los blancos están los llamados Late Harvest (o de cosecha tardía), que empalman muy bien con sobremesas de fruta o esponjosos blancos. Los Oporto —tintos dulces y con un porcentaje de alcohol más acentuado— son siempre aconsejables con platillos a base de chocolate negro o con quesos tipo Roquefort o Gorgonzola. Tanto los Late Harvest como los Oporto pueden, incluso, beberse como postre en sí mismos. Y si el bolsillo y la ocasión lo permiten, el mejor vino de cosecha tardía nunca dejará de ser un Sauternes de Burdeos, o un Oporto Vintage, de la región del mismo nombre, en Portugal.
En materia de licores —o cordials, como les conocen en inglés— la gama es bien amplia y, en muchos casos, constituyen una buena compañía para el café. Hay tanto secos como dulces. Los italianos, por ejemplo, prefieren los primeros, entre ellos el sambuca y la grappa. El sambuca, debido a su contenido de anís, se asemeja a nuestros aguardientes, muy recomendables para una sobremesa (igual que el pastis francés o pacharán, de Navarra). La grappa pertenece a la familia de los destilados de uva y, por lo tanto, un Pisco puro es otra opción. El Amaretto, licor a base de almendras, cuenta con buena acogida entre las mujeres y es muy agradable con el café.
No deben quedar por fuera las cremas de chocolate o café, tipo Godiva, Kahlua o Tía María, y los licores frutados como el Grand Marnier (a base de naranja), el Chambord (hecho con frambuesas) o el Calvados (elaborado con manzanas), entre otros. Y caben los herbáceos o a base de cacahuates, que engrosan una lista de más de doscientas posibilidades. En verdad, cada país del mundo guarda su propia fórmula secreta.
Después vienen los destilados oscuros (de uvas, granos o caña de azúcar), como el brandy (francés o español), Cognac (brandy de la región francesa del mismo nombre), Armagnac (ídem), whisky (blended o single malt, escocés o americano) o ron (del Caribe y del altiplano andino). Estas bebidas, de mayor contenido alcohólico, son preferidas por los hombres, especialmente si las acompañan con un puro.
Y, claro, en un país como Colombia no puede perdonarse una sobremesa sin una buena taza de café. Aquí, la experiencia será mucho más placentera si el anfitrión se toma la molestia de preparar la bebida a la vista de sus invitados. Para ello deberá contar con café en grano (ya tostado), una maquinilla de moler y un par de recipientes para la infusión, como una cafetera de prensa francesa o una aeropress. Porque si ya nos tomamos la molestia de comprar los mejores vinos de postre o licores para el pousse-café, ¿por qué no hacer lo mismo con nuestro producto estrella? Es hora de que le demos al café un mejor lugar al final de una deliciosa celebración.