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Tres legados de familia

Hugo Sabogal

01 de junio de 2013 - 06:00 p. m.

El aporte hecho por los seis millones de italianos que llegaron a Argentina entre 1814 y 1970 es enorme. Por encima de los españoles, los ítalo-argentinos han aportado tradiciones, costumbres y expresiones idiomáticas que hoy siguen vigentes en la sociedad sureña.

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Muchos italianos se instalaron en Buenos Aires, mientras que otros buscaron sus destinos en ciudades del interior, como Mendoza, San Rafael y San Juan, donde se introdujeron programas especiales para atraer a inmigrantes con experiencia en actividades agrícolas y vitivinícolas.

La razón era muy sencilla: la masiva presencia italiana alimentó una fuerte demanda de vinos de mesa, que era preciso atender. La sed por el vino convirtió a Argentina en uno de los países de mayor consumo en la historia, con promedios de 90 litros anuales por persona, una cantidad nunca vista.

A aquella época pertenecen tres familias, cuyos vinos profundizan sus raíces en el mercado colombiano. En las últimas semanas, varios representantes de estas casas han estado contando la historia de sus vinos frente a profesionales y consumidores. Son ellas las familias Catena, de Cuarto Dominio, Pulenta, de Pulenta Estate, y Cassone, de la bodega del mismo nombre.

Cuarto Dominio, dirigida por Javier Catena, hace alusión a la cuarta generación de un clan que, durante más de un siglo, ha contribuido al desarrollo de la vitivinicultura austral.

La historia se remonta a 1902, cuando Nicola Catena, procedente de Italia, plantó sus primeros viñedos de Malbec, en Mendoza. Uno de sus nietos, Nicolás Catena Zapata (tío de Javier), ha sido el responsable de poner a Argentina en el mapa mundial del vino. Por ahora, Javier sólo elabora tres líneas de vinos: Cuarto Dominio, que ha dado nombre a la bodega; Tolentino, en homenaje al lugar de origen de sus antepasados, en Italia, y Chento, un tributo a los trabajadores criollos que han hecho posible la materialización del sueño. El eje es la uva Malbec y la apuesta consiste en dar a cada botella una expresión del lugar del cual proviene.

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El clan de los Pulenta, de similares raíces italianas, constituye otra historia de éxito. Aunque se instaló en la provincia de San Juan, su principal radio de acción ha sido Mendoza. Uno de sus grandes gestores fue Antonio Pulenta. Sus hijos, pertenecientes a la tercera generación, continuaron el legado y llegaron a ser los dueños de Peñaflor, el mayor conglomerado de vinos del país austral, dueño de la marca Trapiche.
En 1997, al vender su participación en dicho negocio, los hermanos Pulenta iniciaron nuevas bodegas, como Pulenta Estate, creada por Eduardo y Hugo, y ahora impulsada por Diego y Eduardo, integrantes de la cuarta generación. Pulenta Estate se dedica a elaborar series limitadas desde fincas propias en Alto Agrelo, en Luján de Cuyo, cuna de vinos de calidad. El Malbec también es su estandarte, aunque se ha distinguido, además, por su premiado Cabernet Franc.

Una tercera familia es la compuesta por los descendientes de Celestino Cassone, otro inmigrante italiano instalado en Mendoza. Su hijo Roberto, su nieto Eduardo y ahora los integrantes de la cuarta generación se han dedicado a la producción de vinos, basándose en antiguos viñedos, plantados en Luján de Cuyo. En este caso, brilla el Malbec, acompañado de interesantes versiones de Cabernet Sauvignon y Bonarda.

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Créanme: vale la pena darles una oportunidad.

* Estas bodegas son representadas en Colombia por Promix (Cuarto Dominio), Pulenta Estate (Decanter) y Familia Cassone (Grupo Nazca).

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