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Un tequila llamado Milagro

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Hugo Sabogal
17 de diciembre de 2011 - 11:58 p. m.
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Con una botella seductora, la marca propuso un lenguaje contemporáneo para llegar a consumidores más jóvenes, manteniéndose en la categoría de los Tequilas Artesanales Premium.

Nunca lo ponga en duda: el líquido guardado en una botella es lo que a la postre termina seduciéndonos. Pero la experiencia de saborear una bebida siempre se enriquece cuando nos enteramos de su historia detrás de bambalinas.

La próxima vez que visite un supermercado o tienda especializada notará que los productos de mayor precio siempre están envasados y empacados en atractivas botellas y lujosas cajas o, cuando menos, portan llamativos collarines, en los que transmiten desde anécdotas desconocidas de su creador y detalles sobre su sistema de elaboración, hasta las características únicas del terreno o la idea inspiradora de la bebida. En verdad, estos elementos terminan, muchas veces, matizando nuestra decisión de compra, porque hay algo en la descripción que nos engancha.

Esta semana quiero compartir los misterios gozosos y dolorosos de una marca de tequila que, por hacer las cosas en contravía, no la ha tenido fácil, pero que, por eso mismo, se ha convertido en una especie de ícono entre algunos consumidores internacionales. Este licor de agave azul, con un 100% de pureza, acaba de llegar a Colombia y seguramente agitará algunas conciencias. Se llama Milagro.

Su origen es Jalisco, quizá la zona de denominación de origen más conocida del tequila. Sus autores son Daniel Schneeweiss y Moisés Guindi, quienes pusieron en marcha su proyecto, hacia finales de los noventa, después de recibirse como administradores de empresas. Con una inversión de US$100 mil, decidieron lanzar la marca Milagro, que proponía un lenguaje refrescante y contemporáneo para llegar a consumidores más jóvenes, pero, eso sí, bajo la premisa de mantenerse en la categoría de los Tequilas Artesanales Premium.

En 1998 terminaron su primera producción y la destinaron a Estados Unidos. El moderno diseño de sus botellas de inmediato cautivó a los compradores. En parte, la idea era renovar la imagen de su bebida nacional, que muchos consumidores asociaban con desorden y borrachera.

El éxito fue instantáneo. En los primeros años, Schneeweiss y Guindi se dedicaron a cultivar el mercado norteamericano, para después regresar a México por la vía de las tiendas duty free en los aeropuertos. Hoy, Milagro es la cuarta marca de tequila más vendida en Estados Unidos y la octava principal de México.

Su gran secreto ha sido mantener los procesos tradicionales, alejándose de la compleja destilación industrializada. Igualmente, y por mucho tiempo, la marca intentó mantenerse como un proyecto enteramente mexicano, en momentos en que sus principales rivales, como Patrón, Sauza y Herradura, pasaban a formar parte de los grandes conglomerados mundiales de bebidas.

Sin embargo, justo con la entrada del nuevo milenio, la producción de agave azul —la materia prima del tequila— entró en una seria crisis, lo que disparó de manera abrupta los precios del insumo. Los márgenes de ganancia se fueron al piso y la elaboración de los tequilas de lujo se tornó difícil de sostener. Fue así como de 900 tequileras registradas en México, se pasó a menos de 400.

Para emprendimientos relativamente nuevos como Milagro sólo hubo dos opciones: o cerrar la operación o buscar un camino de salvación. Schneeweiss y Guindi decidieron, entonces, vender el 13% de sus acciones a un productor de agave, a cambio de asegurar el suministro de la materia prima. Posteriormente, acordaron asociarse con la destilería escocesa de William Grant & Sons, de la que hoy forman parte.

En su portafolio, Milagro presenta seis productos. En la parte baja de la escala están el Milagro Silver, el Milagro Reposado y el Milagro Añejo, y en la alta, el Milagro Select Barrel Reserve Silver, el Milagro Select Barrel Select Reposado, y en la cima, el Milagro Select Barrel Reserve Añejo. En todos los casos, el agave azul proviene de plantas de 12 años, sembradas en suelos volcánicos y cosechadas de manera manual. La cocción de la piña —o centro del cactus— se hace de manera lenta, en hornos de barro. Luego el líquido se somete a tres destilaciones hasta alcanzar una alta pureza. El añejamiento del Milagro Select Barrel Reserve Silver, el Milagro Select Barrel Select Reposado y el Milagro Select Barrel Reserve Añejo se realiza en barricas de roble francés —las mismas que se utilizan para los vinos de gran prestigio— por períodos de dos, seis y hasta diez meses respectivamente, por encima del promedio de sus competidores.

El resultado, en cada caso, es una bebida profunda, pero al mismo tiempo suave y tersa, que la hace ideal para tomarse pura y en copa corta. Finalmente, los tres últimos tequilas de Milagro se envasan en finas botellas de cristal, hechas a mano, que muestran, en su interior, un agave en alto relieve, producto de la experiencia de Daniel en la elaboración de envases finos.

Milagro ha ganado las más altas distinciones internacionales y ya se le conoce como uno de los tequilas más admirados de México. Se consigue en restaurantes selectos y tiendas especializadas.

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