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Vinos con gaseosas

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Hugo Sabogal
25 de mayo de 2013 - 11:00 p. m.
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Para quienes hayan vivido en España o Argentina, la escena les parecerá normal. Me refiero a la costumbre de miles de personas que beben una mezcla de gaseosa con vino. Para los puristas, esta costumbre es todo un anatema. El vino es un producto natural que resulta de un largo ciclo productivo, mientras que las gaseosas son bebidas masivas e industriales que se preparan con sustancias artificiales. ¿Por qué no optar por un espumoso rosé o por un Prosecco italiano? ¿Será por el precio?

Aunque la defensa del vino en su estado más puro tiene sentido, los hábitos populares son difíciles de extirpar. No queda más remedio que conocer algunos casos y países que han tenido por costumbre rebajar el vino con aguas gasificadas. Pregúntele a cualquier argentino cómo construyó su amor por el fermentado y seguramente le dirá que a punta de vino con soda. Era la bebida acompañante para las comidas y la manera como los padres introducían a sus hijos en el mundo del vino.

En España, el llamado “tinto de verano” es quizá el brebaje más popular en la época estival. La gaseosa rebaja el alcohol y eso ayuda a tomar un poco más, sin embriagarse. La receta no hay que preguntarla; está acuñada en el inconsciente del ibérico. La mezcla consiste en una parte de vino de mesa corriente y una parte de gaseosa, por lo general Fanta. Otros prefieren la Sprite. Algo parecido se bebe en el País Vasco, aunque allí el nombre de la bebida es kalimotxo. En este caso la Fanta o la Sprite se reemplaza por una cola oscura. La apariencia es la de un coctel y, por eso, en muchos lugares la ofrecen con gotas cítricas y una rodaja de limón o naranja.

En Alemania está el spritzer, mixtura de vino y limonada. Los germanos prefieren, en vez de vino, poner cidra, que suele resultar más refrescante. En Venecia, Italia, los lugareños son muy aficionados a la spritz, preparada con vino blanco o Prosecco (espumoso), con una adición de agua con soda y Campari. Hace unos 20 años aparecieron, especialmente en Estados Unidos, los llamados wine coolers, que combinaban vino con jugos gasificados.

En su momento le pregunté al bodeguero mendocino José Alberto Zuccardi qué pensaba de estos desarrollos y de otros que habían convertido al Chardonnay y al Malbec en helados para cucharear. Y me respondió: “Si los elaboradores de vino y los consumidores nos concientizamos de que lo importante es tomar más vino, solo o mezclado, estaremos asegurando el futuro de nuestra actividad”.

Para Zuccardi, la verdadera competencia proviene de los productores de destilados, que también han optado por darles sabores adicionales a sus bebidas, con insumos como manzana, pera, fresa o limón. Una de las últimas creaciones de la casa champañera francesa Möet & Chandon es un espumoso aromático y refrescante, hecho para servir con cubos de hielo. Por lo visto, nada, sobre el consumo de vino, está escrito.

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