JAVIER CERCAS NOS HABÍA ACOStumbrado a trabajar en ese difuso límite de la realidad y la ficción.
Para muestra, Soldados de Salamina, una alucinante novela ligada a la historia reciente de España, en la cual realidad y ficción son apenas un continnum, una especie de laberinto que fascina al lector hasta perderse en los vericuetos de la historia y la novela. Hasta que al lector le importa poco si los acontecimientos que siguieron al intento de fusilamiento de Sánchez Mazas son ciertos o no.
Ahora se nos viene Cercas con Anatomía de un instante. Allí renuncia por completo a la ficción, pero es como si no lo hubiera hecho. Toma como pretexto el golpe del 23-F en España para derribar la democracia y, pretendidamente, establecer una dictadura blanda que le diera respiro al franquismo en extinción.
Con habilidad a toda prueba descompone el instante en que Tejero se toma las Cortes y pone en vilo la implantación de la democracia en España. Apostado en una especie de mirilla invisible, fisgonea con preciso rigor histórico cada una de las múltiples facetas del golpe, a partir de ese momento en que las balas cruzan el hemiciclo obligando a todos los parlamentarios a refugiarse debajo de sus escaños. Todos, menos el presidente del gobierno, Adolfo Suárez; Gutiérrez Mellado, su vicepresidente, y Carrillo, el jefe comunista.
Fue un momento crucial que definió el futuro de España, la España de hoy, pero también la biografía de estos tres protagonistas. Y, entre ellos, Suárez, que con la valentía del que sabe que ya ha perdido y que este es el momento crítico de su vida, desafía con cierto desdén las balas que acompasan su figura hierática. Lo interesante es que Cercas no escribe una epopeya. No se trata de ponerle pedestal a Suárez, cuya vida recorre palma a palmo en sus éxitos y, sobre todo, en sus debilidades. Desde correveidile del fascismo hasta político puro que juega sus cartas movido casi exclusivamente por la ambición personal, llega al momento cumbre y, como ha sucedido a tantos, rubrica su periplo en ese instante, hasta el punto de eclipsar todos sus fallecimientos y su ya inevitable derrota.
Es una lectura emocionante. Pero es también una lección para la Colombia de hoy, que se juega su democracia en los próximos meses. Como dijo Marc Margollis en el último número de Newsweek, Colombia es un país de asombro, un portento de democracia en medio de las circunstancias más aciagas. Pero ahora corre el riesgo de desvanecer sus logros si da el paso de cambiar las constituciones al vaivén de las circunstancias.
Ambas cuestiones están ligadas, porque Suárez despidió su vida con ese gesto, que ni siquiera se sabe si fue grandeza, valentía o desprecio. Pero cumplió el papel vital de salvar la democracia en el momento preciso en que la conjura amenazó seriamente con liquidarla.
Buena lectura para vacaciones. Es un libro emocionante. Es también una oda a los derrotados, Suárez desde otro ángulo, Gutiérrez Mellado, el hombre que salió del ejército para proteger la transición, a riesgo de morir como una especie de traidor a los cuarteles en que se formó y, por fin, Carrillo, que sacrificó su partido para que desaparecieran los restos del fascismo.
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Esta columna no se publicará el 3 de enero.