LA COMISIÓN DE AJUSTE TERMINÓ su labor con la entrega de un informe que contiene una serie de recomendaciones. Comienza ahora la discusión pública, no exenta de varapalos.
Debemos preparar la espalda para recibir latigazos, apenas ligeramente matizados por uno que otro comentario positivo. Pero esto es lógico y hasta deseable. Por fin la discusión se sitúa en los temas y no en argumentaciones biliosas de tipo personal.
Lo que sí es recomendable es que quienes ataquen el documento se tomen el trabajo de leerlo.
Hasta ahora, el trasiego de la Comisión se ha visto envuelto en discusiones ad hóminem totalmente irrelevantes y desinformaciones producto de la mala suerte o de la mala sangre. Nadie que se ocupe de estos menesteres debe esperar almíbar, pero creo que es la primera vez que a unos ciudadanos a quienes se les pide el favor de brindar gratuita y desinteresadamente unas opiniones, se les descalifique de entrada.
Petro dijo que éramos fascistas. Le pido al Senador que señale públicamente en que segmento, sílaba, tilde o coma de nuestro documento asoman las orejas del fascismo. Si el documento le parece malo, y hasta malísimo, está en su derecho. Pero quiero que me muestre el fascismo.
Jaime Castro dijo que habíamos hecho una propuesta políticamente incorrecta al proponer la doble instancia para congresistas. Es curioso que un avezado analista como Castro, que generalmente sigue con juicio los más mínimos detalles de las discusiones, haya caído en la trampa. No sólo no propusimos esa idea, sino que la excluimos de nuestra agenda desde el primer día en documento que fue profusamente difundido.
Como Castro, hay un número de personas a quienes se les trabaron los cables y le atribuyen a la Comisión de Reforma Política ideas que el Gobierno ha puesto a circular sobre el tema de la justicia. Y también se dijo erróneamente que la “silla vacía” operaría desde el 2010, cuando nuestra sugerencia es la vigencia inmediata, para las vacantes que se presenten desde la promulgación de la norma.
Legítimo que Cecilia López esté en contra de la nueva reelección. Incluso la acompaño en esa idea. Pero tiene que estar uno muy alterado para encontrar trazas de reelección en nuestras propuestas. Hay más bien un síndrome paranoico en este punto de vista. Pobre el Partido Liberal, cuna de la tolerancia y la libertad de espíritu, presa de tanto fantasma y acudiendo al peor de los sectarismos para defender sus ideas.
Por fin, el senador Cristo dice que no hay acciones inmediatas sobre parapolítica y financiamiento de campañas. Sobre lo primero, es claro que se trata de otro que no leyó el documento. Y en cuanto a la financiación de campañas, bienvenido su fervor tardío. Qué bueno que este mismo celo lo hubiese demostrado y puesto en práctica cuando desempeñaba un alto cargo político en la campaña de 1994.
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Por fortuna, al lado de tanto sectarismo, la experiencia de la Comisión nos permitió conocer el grupo Espíritu 91. Se trata de una asociación de jóvenes universitarios con los cuales tuvimos la discusión más gratificante de esta singladura. Jóvenes fogosos, duros en sus ideas, empeñados en defender a fondo el espíritu de la Constitución, como su nombre lo sugiere. Pero dueños a la vez de un mensaje limpio, sin mala leche, verdaderamente inspirado, sin dobleces y sin el cálculo mezquino de tanto personaje amargado.