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Constituyente popular

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Humberto de la Calle
26 de abril de 2026 - 05:05 a. m.
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La fórmula Sergio Fajardo y Edna Bonilla inscribió un comité para recoger firmas en defensa de la Constitución. La propuesta es sencilla: le pregunta a la ciudadanía si quiere proteger la Constitución de 1991 impidiendo que sea reemplazada por una asamblea constituyente durante los próximos dos períodos presidenciales, es decir, hasta el 6 de agosto de 2034.

Durante ese acto, Fajardo se refirió de manera crítica al proceso promovido por el gobierno para impulsar una constituyente y Edna Bonilla señaló que “la Constitución de 1991 es el acuerdo más grande que ha hecho Colombia consigo misma. Cambiarla sin consenso, en medio de la polarización y la desconfianza, no es reformar a Colombia para todos los colombianos”.

En circunstancias normales, la propuesta tendría algunos bemoles. Por un lado, no se podría tocar la Constitución sino por la vía del Congreso, lo cual aumenta el poder de una institución tan desprestigiada. Por el otro, se asemeja a las llamadas cláusulas pétreas, esto es, prohibiciones de reforma que tienen cierto tufillo de inmovilismo.

No obstante, lo que salva el juicio sobre este proyecto es que surge como respuesta a la acción del proyecto gubernamental que tiene muchas desventajas. La coyuntura explica la iniciativa.

El hito reciente más importante en la profundización de la democracia es la Constitución de 1991.

Dentro de las variadas preocupaciones que surgen día a día, lo verdaderamente grave es que este logro está en riesgo por cuenta de la propuesta de “Constituyente Popular” del gobierno. Digo que es del gobierno, así esto haya sido negado. Aunque el ministro de Justicia, doctor Cuervo, sostuvo que no se trata de un proyecto oficial, la verdad es que nació en las entrañas del régimen y allí sigue. Las manifestaciones del ministro Sanguino no dejan espacio a la duda. Además, el propio presidente dijo: “Se ha inscrito el comité ciudadano por la Asamblea Constituyente en la Registraduría Nacional. El pueblo no se deja quitar su poder de transformar a Colombia”. En el pasado consejo de ministros volvió a clamar por esa iniciativa.

La idea no busca construir consenso. No hay una agenda de temas. Se elegiría una asamblea cuya competencia es ilimitada, al punto de que podría extenderse a la reelección presidencial indefinida. El proyecto no incluye controles políticos ni estándares de legitimidad democrática, lo que podría llevar a desviaciones autoritarias.

Introduce un corporativismo contrario al pluralismo democrático. Es decir, muchos de los constituyentes no serán elegidos por voto universal sino en compartimientos que representan intereses particulares.

El corporativismo fue el mecanismo predilecto de acción política del fascismo. Y, entre nosotros, recuerda el proyecto de Laureano Gómez.

Según Pardo Motta (Laureano Gómez Castro y su proyecto de reforma constitucional. Universidad del Rosario, 2008), “el rasgo más importante del pensamiento de derecha dentro del proyecto lo constituyó la institución del senado corporativo, aunque los comisionados se hayan esforzado por criticar a Mussolini”.

Un contrasentido histórico: el gobierno de izquierda inspirándose en Laureano para asestar el mayor golpe al sufragio ciudadano.

¿Tiene algo que ver el candidato Cepeda con esto?

Si bien el algún momento rompió su habitual silencio y dijo que este no era un tema prioritario, la verdad es que en su programa la posición es más bien la contraria. Dice así textualmente: “E igualmente uno o varios mecanismos de implementación de los acuerdos, que pueden ser una asamblea nacional constituyente, o leyes y reformas constitucionales que adoptemos por una vía expedita (...) el pueblo estará sentado en la mesa del gran diálogo nacional, pero también estará en las calles atentos a si se requiere su movilización para garantizar que no sea burlada la voluntad del constituyente primario”.

Por otro lado, si bien el mecanismo está dirigido a una ley de convocatoria como lo exige la Constitución, se ha emprendido simultáneamente un proceso de recolección de firmas. Podría argüir el gobierno que la idea es llevar al Congreso la expresión ciudadana. Pero también es una espada de Damocles: si no votan la ley, tenemos las firmas. Y la tentación de ir de manera directa sería enorme. De paso: en las manifestaciones públicas del candidato Cepeda se siguen recogiendo firmas. Luego es dudoso que el tema no esté en la agenda del candidato. Una inquietante ambigüedad.

Es evidente que no hay ningún deseo de buscar acuerdos. En las expresiones que se han oído, la idea es avasallar a quienes piensan de manera diferente.

Y, aunque el presidente lo ha negado, es también claro que la instrumentación del proyecto en medio de una campaña electoral busca servir como bandera política. Que lo sea, en condiciones normales, no es grave. Y es hasta obvia. Pero el hecho de condimentar la campaña con esta iniciativa genera tensiones desafortunadas, hasta el punto de que El Espectador dio a conocer una entrevista de monseñor Rueda, cardenal de Colombia, publicada el día 28 de diciembre de 2025, incorporada al YouTube el 29. Allí dijo: “Le pido al Señor y a los colombianos que cuidemos la Constitución del 91”.

Es importante entender que una constituyente, u otro mecanismo innovador, exige un cierto momento de reflexión nacional. No hablo necesariamente de consenso, porque la esencia de la democracia es el disenso. Pero, así como en 1991 todas las delegaciones se esmeraron en buscar aproximaciones, una constituyente u otro método en las actuales circunstancias sería el renacimiento de las constituciones como cartas de batalla del siglo XIX. Otra diferencia con el proceso de 1991 es que la idea de un cambio constitucional nació de manera genuina entre estudiantes de varias universidades. No fue una iniciativa del gobierno. En ningún momento se concibió la constituyente como un instrumento en contra de ninguna fuerza política. Por otro lado, a diferencia de hoy, no existía un mecanismo de reforma distinto al Congreso, cuya tarea había sido hundida varias veces a manos de la Corte Suprema.

En abstracto, algunas normas constitucionales sí merecen revisión. La justicia y el ordenamiento territorial, por ejemplo. Pero a esto habría que llegar tras un proceso de preparación y deliberación tranquilo y constructivo. No como ariete para destruir a los antagonistas.

Conoce más

 

Gabriel Aguirre(91153)27 de abril de 2026 - 05:18 p. m.
Con el respeto por De La Calle, esta posicion frente a la eventualidad de una constituyente, parece mas producto del panico y apego a la del 91 de la cual el fue protagonista, que de reconocer un hecho cierto y es que en las pasadas elecciones la mayoria voto por unos cambios que el corrupto congreso no ha dejado hacer. Las reformas se requiere y el como es otro problema. Pero deben hacerse y no las van a hacer los mismos de siempre que han gobernado desde el 91 ...
  • Natalia Sierr(90846)28 de abril de 2026 - 01:56 p. m.
    ¡De acuerdo!
Rod(24557)27 de abril de 2026 - 11:24 a. m.
La descripcion exacta de la indecisión y tibieza de Humberto de la Calle, la hizo en rima, el honesto valiente y cumplidor de sus compromisos, el gran Horacio Serpa: esto dijo el armadillo, subido en una palma: ‘ ni me subo, ni me bajo, ni me quedo aquí tampoco’ ese es el indeciso, tibio y miedoso de tomar una acción relevante en su vida publica; por eso dijo no aterrado, cuando tuvo oportunidad de unirse al Cambio y ni siquiera el neoliberal Gaviria lo apoyo: toda su vida un mediocre perdedor.
Oscar Chiquillo Pineda(23792)26 de abril de 2026 - 11:59 p. m.
doctor de la Calle, un entramado interpretativo del cual usted en parte es gestor de l hecho en el 91, no puede argüir con una estela de sofismas que traducen un purismo inexistente en un contexto gaseoso entre la norma y la realidad, exponer lo que en ningún momento fue expresión del constituyente primario, sino el acuerdo entre la necesidad urgente de una oligarquía desesperada por mantenerse en poder y algunas fuerzas opositoras en su afán de no desaparecer de la escena política...
jesus salgado forero(10579)26 de abril de 2026 - 11:17 p. m.
NO PODEMOS CAER EN UNA TRAMPA MORTAL DE PARTE DE PERSONAJES FUNESTOS Y TENEBROSOS!!!!
Alfredo Chaves(60991)26 de abril de 2026 - 09:54 p. m.
De la Calle recorrió toda la vida política del país durante su extenso paso por todas las instituciones y diferentes gobiernos pero nunca salió de la tibieza; siempre se quedó en medias tintas y por eso no pasó de ser un personaje que no logró entusiasmar a los colombianos para llegar a la presidencia.
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