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Como dijo Marcela Meléndez en columna reciente, ya está bueno de la furrusca política. Una forma de superar esta confrontación que, en vez de terminar el 21 de junio, apenas ahora comienza como una guerra de atrición cada vez más nociva, es ocuparnos de temas diferentes. Dije y sigo creyendo que había riesgos para el Estado de derecho provenientes de ambas campañas. La desobediencia civil de Cepeda puede afectar la esencia de la democracia si se desborda el límite de la protesta admitida. En cuanto a De la Espriella, si bien en su discurso la noche de la elección habló de gobernar para todos, reconoció al opositor y reafirmó la vigencia de la Constitución, es difícil saber qué queda en la realidad de su campaña agresiva y del tono renovado de las amenazas. Esperemos.
En cambio, nada más grato que hablar de fútbol. Incluyendo el anulado gol de Dávinson contra Portugal. El VAR nos mostró un diagrama en el que sobresale menos de un artejo de su pie. Podríamos decir que quizás el botín era un poco grande o que no se había cortado las uñas.
Pero esta circunstancia es buena ocasión para hablar de orientaciones básicas en el mundo de la ciencia jurídica.
En mi época de litigante, un cliente ingeniero y gerente me encomendó el caso de un despido. Un operario alzó la voz a su jefe, pero en la planta sonaba en ese momento el rugido de una máquina. “Dígame doctor si yo voy a ganar el caso. Si el despido fue justo”. Es un caso dudoso, contesté. Montó en cólera.
Es el tipo de mentalidad para la cual el VAR es un avance enorme en la juridicidad del fútbol. “Se acaban las dudas”, afirman.
Hay aquí una vena de razonamiento jurídico auspiciada por grandes juristas como Carlos E. Alchourrón que orienta el análisis hacia una precisión estructural, Eugenio Bulygin, que propende por la coherencia y la completitud del sistema normativo, o Georg Henrik von Wright, que ayuda a convertir el lenguaje normativo en un marco formal para razonar sobre obligación/prohibición/permiso. Vale decir, recordando a mi cliente: el despido solo puede ser justo o injusto. No me venga con ambigüedades (por fortuna pagó mis honorarios cuando gané el caso).
Y al otro lado, aquellos que ven a la ciencia jurídica como una disciplina de valores. Y esto determina, primero, que esa aspiración matemática de los ya nombrados es ilusoria y, más en profundidad, que desconoce la verdadera carnadura del derecho como dinámica de valores y principios referidos a la actividad humana que no es encasillable en la sola aritmética. Ahí están, entro otros, Robert Alexy, que sostiene que, cuando entran en juego principios, su solución exige ponderación y justificación racional (no solo derivación formal de reglas), Ronald Dworkin, quien defiende que el derecho no se agota en reglas mecánicas: incluye principios, y Carlos Nino, quien agrega que, aún sin ponderación estricta, la justificación jurídica implica razones y que el derecho se entiende mejor como práctica argumentativa orientada a valores.
Entendamos que, en el caso del fútbol, algo de razón tienen quienes prefieren un VAR que se supone invulnerable y que, en consecuencia, aplica a todos el mismo racero. Sería la muerte del juego si el árbitro tiene que hacer razonamientos diferenciales. Dedo gordo es dedo gordo y no discuta más.
Pero si nos vamos a la vida, entenderemos que el elenco de los derechos asemeja un sistema solar, pero en el que a veces se superponen las órbitas. Cuando un derecho choca con otro, la aspiración matemática se vuelve irrisoria. El análisis de conjunto tiene que considerar el contexto, la situación personal, algunas imperiosas necesidades humanas. Todo esto viene de muy lejos. Desde los griegos. Se llamó epiqueya. Aristóteles la introdujo en la Ética a Nicómaco para dulcificar la rigidez de la justicia legal. Sin este margen, el derecho inflexible podría evitar discusiones, pero se alejaría de la justicia.
Esto hay que tenerlo muy en cuenta, ahora más allá del fútbol. La reflexión sobre la Inteligencia Artificial, que cada vez será más usada en el derecho, tiene que ser acompañada por una actitud de cautela. No solo por los errores que ella comete, llamadas con buen tino alucinaciones, sino sobre todo porque la máquina no puede remplazar al juez. Juez falible, mortal, de pronto un tanto apasionado, que amanece con jaqueca y falla mal. Pero juez, o jueces porque debe haber varios ojos, que sopesan circunstancias que la IA no ve. Y el VAR menos.
El algoritmo ayuda, pero no reemplaza la conjugación de los valores y principios.
Cuánto quisiéramos que el gol contra Portugal hubiese sido validado. Por una dosis de epiqueya que nos proporcionara el árbitro del partido.
En todo caso, querido Dávinson: la próxima vez, usa guayos apretaditos. Y estimado Lorenzo: para el próximo partido, ordena a tus pupilos que se corten las uñas antes en entrar a la cancha.
Coda. El Consejo de Estado suspendió la Resolución 064 de febrero de 2024 por la cual el gobierno autorizó el diálogo con la Segunda Marquetalia. Para el Consejo, el Gobierno no puede adelantar diálogos con las disidencias de las FARC que sean integradas por excombatientes que regresaron a las armas luego de la firma del Acuerdo de 2016. Para el órgano judicial hay prohibición constitucional; además se viola el principio de no repetición. Se trata de una demanda interpuesta por la Fundación para el Estado de Derecho, dirigida por Andrés Caro. Muy bien. Esto lo dijimos oportunamente, razón por la cual recibimos amenazas. Lástima la demora.
