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EL TORBELLINO DE LOS acontecimientos alrededor de la crisis de la parapolítica produce cierta confusión. Hay que hacer una tomografía para poder salir de ella.
Primero está el plano de la ética política. Es lógico que los congresistas cómplices de los paras sean separados de sus funciones. Esto debe ser pronto, sin esperar a la sentencia. No se trata de una sanción sino de una medida precautelativa para proteger el limpio funcionamiento del Congreso. Además, cuando haya un volumen importante de afectados, el partido debe desaparecer y devolver el dinero del contribuyente.
Pero al descender al segundo plano, el de la realpolitik, surgen ciertas complicaciones. Esta medida debilita a la coalición de gobierno porque afecta sus mayorías. Pero como la diosa política se mueve por caminos tortuosos, es posible que algunos miembros de esa coalición prefieran sacrificar su mayoría si obtienen ventajas ulteriores. Cambio Radical, partido severamente afectado por las medidas de aseguramiento, puede lucrarse, porque esto a su vez dificulta una posible reelección de Uribe, abriéndole campo a su jefe. El liberalismo juega a lo mismo. Y el Polo le apuesta a una constituyente para barajar de nuevo, con la idea de que el haber estado por fuera del escándalo lo puede favorecer electoralmente aquí y ahora sin esperar al 2010. Todos toman un poco del primer plano, defienden la ética, y otro pedazo de la política real.
El tercer plano, ya se insinuó, es el de la reelección, que es como una sombra alada que merodea detrás de estos acontecimientos.
El cuarto es el de la justicia. El recelo de la coalición gobernante frente a la Corte es evidente. El vicepresidente Santos habló de interferencias del narcotráfico, aunque se adelantó a decir que no tenía pruebas. Es una afirmación criticable, que hubiera generado una crisis aún mayor en cualquier estado civilizado. Un funcionario tan prominente no puede darse el lujo de arrojar semejante sospecha sobre un alto órgano judicial sin pruebas.
Por fin, el plano de las reformas. Es bueno que pase la silla vacía inmediata. Extraño país circular éste que olvida que en la versión original de la Constitución del 91 ya estaba la silla vacía (suplencias sólo en caso de falta absoluta), algo que fue modificado no pensando en los paras sino para satisfacer una insaciable gula parlamentaria. La idea era instalar un carrusel de suplencias para mejorar las jubilaciones de los compinches.
Pero hay unanimidad en que esto no basta. Apoyo la configuración de una comisión que prepare lo que quede faltando de la política para tramitarla el 20 de julio. Pero debe tener una agenda definida. No meterse con la justicia porque no se puede crear la falsa idea de que se quiere menoscabar la Corte. Eso sería absurdo. Y tampoco permitir que por falta de agenda se instale el temor de que en el proceso saltará la liebre de la reelección. Su mandato debe incluir la obligación de consultar con todas las fuerzas políticas.
Pero no hay que descartar salidas extraordinarias. Es posible un referendo, pero no sólo para adelantar elecciones, sino también para aprobar el paquete de reformas políticas de fondo. En tal caso, la comisión podría contribuir a redactar el cuestionario que se someta a los ciudadanos.
