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Lo bueno, lo regular y lo malo del discurso de posesión

Humberto de la Calle

16 de agosto de 2026 - 12:06 a. m.

El largo discurso del presidente era necesario. Colombia votó por alguien de cierta manera desconocido respecto de los detalles de sus ideas, más allá de los emoticones y los slogans. Tuvo aspectos muy positivos, algunos dudosos y otros reprochables.

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Veamos:

Lo predecible e intuitivamente de aceptación general

Seguridad, control territorial, recuperación del sistema de salud (esta fue la afortunada frase que resumió su programa: sin ideología, corregir, recuperar y fortalecer), combate al narcoterrorismo y al crimen, orden perentoria a la fuerza pública para combatir (aunque esto suena por ahora simplista), relaciones con todos los países (aunque habrá voces en contra de ingresar al Escudo de las Américas).

En economía hay un viraje fundamental que será bien recibido por quienes están en el proceso productivo y con indiferencia por millones de colombianos informales:

Impulso al desarrollo, apoyo al sector privado, congelación del gasto público, poner la casa en orden, revisar el endeudamiento del Estado, preservación de la política social, pero que la pobreza no sea un argumento político. La eliminación del impuesto al patrimonio tiene fundamento, pero le toca armonizar con el saneamiento fiscal. Respeto a la independencia del Banco de la República. Recuperar el manejo ortodoxo que le había dado prestigio a Colombia. Eliminar obstáculos a las exportaciones. Conseguir la seguridad energética. Acudir a las térmicas para proteger los embalses. Energías limpias, pero llegar a ellas desde la fortaleza, desde la autosuficiencia. Evitar un posible racionamiento. Que el campo no sea escenario de violencia sino motor del crecimiento. Mirada a la Orinoquía como posibilidad enorme de desarrollo. Comparación con el Mato Grosso brasileño.

Lo inevitable pero innecesario

Desmentir la alucinación petrista del fraude. Pero maluco que el nuevo mandatario hubiese tenido que defender el resultado electoral.

Lo plausible

El rechazo a la violencia en la política, que fue quizás el más duro ataque a Petro, quien nunca ha dejado de enorgullecerse de ella. Agregó en afirmación osada: “Miguel Uribe fue asesinado por los interlocutores del gobierno”.

Las grandes rectificaciones

Compromiso con el Estado de derecho, respeto a la minoría, acatamiento a los jueces (no interferir, no atacar, no desafiar, no invadir competencias, colaboración armónica). No constituyente. Exploración de hidrocarburos, fracking responsable, arrancar la coca, fumigación (habrá que ver cuáles son los herbicidas amigables).

Lo regional

Ningún caribe había gobernado desde Núñez. Pero presenta una muy forzada remembranza suya. Lo invoca, pero para anunciar que va a hacer lo contrario, porque lo que éste significó ya no es necesario. Un laberinto forzado, de mala factura. Falta ver que la descentralización no se limite a lo simbólico: Cali.

Paz

Fuera de la condena de los diálogos y la preferencia por la mano dura, no presentó articulada una política de paz. Quizá cree que no la necesita. Tampoco hubo algo más concreto en política de seguridad. Habrá que esperar detalles. Por ahora las referencias parecen simplistas.

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Lo sorprendente es que la JEP no se acabaría. Pero será obligada a rectificar. Tiene razón De la Espriella. Ha habido equivocaciones. La JEP debe terminar pronto su tarea. En resumen, aunque hubo alusiones medianamente críticas al Acuerdo del Colón, fueron menos vehementes de lo esperado.

Lo innovador pero inconstitucional

Cinco intervenciones religiosas. Algunas estrambóticas. Fuera de lugar el grito de “viva Israel” del señor rabino. De paso, un tiro en el pie de Abelardo. Porque la voz de todos los enviados de Dios y el discurso Honorio son una suma de buenismo meloso, socialdemocracia a tutiplén (en contravía de cierto neoliberalismo de Abelardo) y fantasía poética. Colombia es un Estado aconfesional. Estas oraciones violan la neutralidad de un Estado que optó por este enfoque precisamente para proteger la libertad de cultos.

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El paisaje

Corbata de nuevo. Aunque pasada de moda, es mejor que el baile de disfraces de estos cuatro años. Urbanidad de Carreño. Lenguaje corporal fresco, linda familia que calará hondo. Uso correcto del lenguaje (por fin, dios mío).

Una curiosidad histórica

Alabanza de Marco Fidel Suárez, olvidando que lo tumbó Laureano, patricio fundador de la familia que hoy acompaña al presidente.

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La democracia

Un hecho importante lo constituye la reiterada utilización del vocablo “democracia” a lo largo del discurso. Lo hizo Petro como democracia popular. Antes, en particular a partir de 1991, la palabra era escasa en los discursos presidenciales.

Como lo señala la historiadora María Margarita López, “si después de 1991 la democracia perdió centralidad en los discursos porque se asumía como un consenso nacional, su reaparición explícita indica que ese consenso ha dejado de darse por sentado y ha vuelto a convertirse en objeto de disputa”.

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Los silencios

Dijo que ama a los pobres, pero no se observa un programa para la inclusión y el cierre de brechas.

En cifras electorales, su mandato no es avasallador. La media Colombia que no votó por él no debe ser pretermitida. Abelardo tiene suficientes desafíos para ocupar su energía. Debería moderar el ímpetu del fanatismo que lo rodea. De lo contrario, si de verdad cree que dará a luz una nueva Colombia, podrá desgastar su mandato. Y el gran riesgo no es que en 2030 regrese el Pacto Histórico, sino una izquierda aún más radical. Abelardo debe lograr que el péndulo oscile dentro de un rango razonable. Si la dinámica del movimiento del péndulo no se refrena, pobre Colombia. Tendremos otros cuatro años sumidos en una guerra ideológica absurda.

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Coda: Como dice Héctor Riveros, ya casi es tradición que la agenda de los presidentes la imponga la naturaleza. ¿De la Espriella podrá mantener su rumbo?

Coda II: Ordóñez en la OEA no pasa de ser una provocación. Usó sus antiguos poderes para perseguir a quienes graduaba de opositores.

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Coda III: Complejo el destino de todos los partidos. La izquierda se equivoca si no articula algo serio, alejado del delirio. La derecha tiene la ventaja de ser gobierno, pero también el peso de los acontecimientos. Se equivoca si cree que el camino es la descalificación y la exclusión. El centro tiene a su ventaja que tiene muchos seguidores, más allá de la coyuntura electoral. Pero falta liderazgo y mayor conexión con la política de hoy.

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