Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Sabemos que la presencia de la Coalición de la Esperanza en la Casa de Nariño ha dado lugar a controversia. Aceptamos ese hecho, que era previsible. Decidimos asistir por encima de esas discusiones, porque el momento de Colombia es verdaderamente crítico. Incluyo reflexiones personales alrededor de ese hecho.
La Coalición de la Esperanza decidió aceptar la invitación del presidente de la República con el exclusivo ánimo de colaborar en la solución de la actual crisis nacional, sin antecedentes contemporáneos. En esta actitud no hay cálculo político ni interés distinto a contribuir al desarrollo de un amplio diálogo. Atendemos así el reclamo angustiado de muchas personas. También sabemos que otras manifestarán descontento por esta decisión. Resolvimos tomar el camino que dicta nuestra conciencia, anteponiendo genuinos intereses nacionales a las grandes desavenencias que dividen nuestra sociedad. Esta actitud se limita a la cooperación exclusiva frente a las dificultades actuales, sin renunciar a nuestra idea de buscar un cambio de rumbo para Colombia. Hemos sido y seguiremos siendo opositores al Gobierno, lo cual no impide que pidamos unidad de los colombianos en esta emergencia extraordinaria.
Insistimos en reclamar del presidente un diálogo genuino, concreto y eficaz, incluyendo de manera prioritaria al Comité Nacional del Paro y demás fuerzas que han manifestado su inconformidad. Venimos, por tanto, sin el propósito de sustituir a quienes han enarbolado la bandera de la inconformidad. Deben ser ellos los principales interlocutores, sin perjuicio del apoyo que podamos brindar otros sectores y personas.
Condenamos de manera vigorosa los excesos de la Fuerza Pública. Nuestra presencia aquí no aminora ni suaviza nuestra protesta. Hemos visto escenas de descontrol que deben ser castigadas. El presidente debe asumir el liderazgo directo de las Fuerzas Armadas para que cesen los ataques a la población que se ha manifestado de manera pacífica. Creemos también que son inaceptables las agresiones a la Fuerza Pública, así como los excesos en el derecho a la protesta que han causado afectaciones desproporcionadas a amplios sectores de la población.
Por nuestra parte, sin pretender tener la vocería de quienes han dirigido el movimiento, hemos trabajado en una serie de propuestas, que van desde un plan de emergencia nacional, una renta básica universal, poner en práctica mecanismos urgentes de salvaguarda de los derechos humanos, hasta un esquema verdaderamente justo y progresivo en la tributación cuyo destino principal deber ser el alivio de los padecimientos de muchas y muchos colombianos: desempleo, hambre y miseria. En la circunstancia oportuna daremos a conocer estas iniciativas.
Se necesitan altas dosis de solidaridad, de empatía. Todos sufrimos en este momento. Debemos aunar ese sufrimiento para lograr un clima en el que podamos resolver con el diálogo las situaciones de injusticia social que hoy existen.
