El camino del Gobierno era el tradicional: presento una reforma tributaria ambiciosa y en el Congreso, paso a paso, lobby a lobby, voy cuadrando cuentas en un ejercicio de implantes y trasquiladas.
Dos hechos se atravesaron: Uribe sacó el cuerpo. Dijo que la iniciativa le hacía daño al partido, algo que repitieron sus tenientes. ¿Al partido? ¿Y la simple gente no existe? ¿El partido por encima de los paganinis? ¿Ojo al 2022 es más importante que las tribulaciones de millones de personas? Imagino cierta desazón del presidente Duque, víctima ahora del efecto kleenex.
El otro escollo es el paro del pasado...
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