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Día del estudiante

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Ignacio Mantilla
11 de junio de 2016 - 02:00 a. m.
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El día del estudiante universitario se conmemora en varios países, pero en fechas que no coinciden.

Así por ejemplo en México se celebra el 23 de mayo, en Argentina el 21 de septiembre, en Chile el 11 de mayo, en España el 28 de enero y en países como Polonia, Alemania o Francia la efemérides se asocia a las famosas jornadas de indignación de mayo de 1968 que tuvieron lugar, principalmente en París, cuando los estudiantes dieron verdaderas batallas campales, acompañadas de expresiones creativas e inteligentes por un cambio social en Europa contra regímenes represivos.

En Colombia se conmemoró el día del estudiante esta semana, más exactamente el 8 de junio, aunque siendo precisos, se celebra el 8 y 9 de junio de cada año y también se le conoce a la efemérides del 9 como “Día del Estudiante Caído”.

Aunque los sucesos que se conmemoran tienen un origen doloroso, la sabiduría histórica de los estudiantes del país ha convertido estas fechas en una expresión cultural e intelectual que exalta la vida universitaria, su carácter crítico y su papel en nuestra sociedad.

Recordemos que en 1929, bajo la presidencia de Miguel Abadía Méndez, y después de cuatro décadas de hegemonía conservadora, la sociedad experimentó un profundo descontento frente a la situación nacional. Por esa época la organización estudiantil tomó las banderas y llevó la voz de la sociedad para manifestarse en contra. Numerosas movilizaciones tuvieron lugar en el primer semestre de aquel año. Una de ellas, lamentablemente, tuvo un saldo trágico que terminó en el primer asesinato de un estudiante universitario en el país.

En efecto, el 7 de junio de 1929 se organizó una marcha de estudiantes de la Universidad Nacional que, por la época, ocupaba varias sedes dispersas en el centro de la ciudad de Bogotá. Muy cerca al Palacio de Nariño los estudiantes, que exigían terminar con la “rosca” del gobierno y, principalmente, la salida de Abadía Méndez, fue recibida por un grupo de numerosos policías que generó tensión en el ambiente. No pasó mucho tiempo para que la situación explotara; los estudiantes no se intimidaron ante el hostigamiento de la fuerza pública que respondió con disparos. Gonzalo Bravo Pérez, estudiante de Derecho de la Universidad Nacional, recibió una de esa balas que le cegó la vida en la plenitud de su juventud.

Este hecho provocó que al día siguiente (8 de junio), en el sepelio de Gonzalo, se movilizaran miles de ciudadanos para acompañar el féretro y rechazar rotundamente al gobierno. Desde aquel momento, el 8 de junio se instituyó en la vida universitaria del país como un día de conmemoración de la lucha estudiantil por la igualdad y por el reconocimiento a la fuerza de la academia, representada en sus estudiantes.

Con el paso del tiempo, ese 8 de junio se fue consolidando en una celebración estudiantil a lo largo del país. Especialmente en la Universidad Nacional se organizaban eventos académicos, culturales y artísticos que le daban a la fecha una dimensión profundamente crítica y creativa. Veinticinco años después de la muerte de Gonzalo, en una de estas celebraciones universitarias, ocurrió otro hecho inexplicable. Esta vez, el 8 de junio de 1954, después de que las acostumbradas marchas hacia el Cementerio Central de Bogotá regresaran a la Ciudad Universitaria, y en medio de las actividades conmemorativas, se inició un enfrentamiento entre la fuerza policial, que quería desalojar la Universidad, y los estudiantes que se resistían a hacerlo. Esta acción terminó con la lamentable muerte del estudiante de medicina y filosofía Uriel Gutierrez. Una ráfaga de disparos terminó con la vida de Uriel en las propias instalaciones de su alma mater.

Al día siguiente, el 9 de junio, más de 10.000 estudiantes de varias universidades de la ciudad organizaron una marcha que se proponían llevar hasta las puertas del actual Palacio de Nariño, en donde residía el presidente Gustavo Rojas Pinilla. Aunque parece ser que la marcha tenía permiso del mismo presidente, jamas llegó al Palacio y, por el contrario, fue bloqueada y dispersada con violencia a una cuadra de la Plaza de Bolívar. Esta reacción violenta de la policía provocó la muerte de nueve estudiantes y varias decenas de heridos. Los estudiantes muertos de aquella mañana del 9 de junio de 1954 fueron: Álvaro Gutiérrez Góngora, Hernando Ospina López, Jaime Pacheco Mora, Hugo León Velásquez, Hernando Morales, Elmo Gómez Lucich, (de nacionalidad peruana), Jaime Moore Ramírez, Rafael Chávez Matallana y Carlos Grisales.

Desde esta fatídica jornada se conmemora el 9 de junio como el día del estudiante caído y al entonces edificio de residencias estudiantiles masculinas de la Ciudad Universitaria, que se le llamaba “Gorgona”, se le bautizó con el nombre, que aún conserva, de Edificio Uriel Gutiérrez, sede actual de la Rectoría.

Nuestra historia universitaria colombiana está llena de amargos pasajes como estos, que ojalá nunca más se repitan, para que la Universidad Nacional pueda mostrar orgullosa sus fortalezas y sea recompensada por los gobiernos, la sociedad y las nuevas generaciones de jóvenes que se forman en la mejor institución pública de educación superior: la Universidad Nacional, patrimonio de todos los colombianos.

*Rector, Universidad Nacional de Colombia
@MantillaIgnacio 

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