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Reflexiones de la jornada electoral

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Indalecio Dangond B.
06 de junio de 2026 - 05:04 a. m.
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La jornada electoral del pasado 31 de mayo deja al descubierto verdades incómodas que el país no puede seguir evadiendo.

La primera es elemental, pero devastadora: la política, cuando pierde su sentido colectivo, se convierte en un campo de batalla de egos. Y eso fue exactamente lo que ocurrió. Una sociedad no se fractura por la diferencia de ideas —eso es propio de la democracia—, se fractura cuando cada actor decide jugar para sí mismo, renunciando al propósito común. Cuando el “yo” se impone sobre el “nosotros”, el resultado es predecible: fragmentación, debilidad y derrota. La incapacidad de construir unidad le terminó pasando factura a quienes confundieron liderazgo con protagonismo y estrategia con cálculo individual.

La segunda lección es más profunda y exige menos arrogancia y más honestidad intelectual. Colombia no está dividida solo políticamente; está dividida estructuralmente. Existen territorios donde la pobreza, la informalidad, la debilidad institucional y la falta de oportunidades llevan décadas condicionando el comportamiento social y político. Allí, la política no se vive como un debate de ideas sino como una respuesta inmediata a necesidades urgentes. Ignorar esto sería un error. Pero romantizarlo también lo es. Porque cuando la política se reduce a resolver únicamente la urgencia, se corre el riesgo de perpetuar la dependencia en lugar de transformar realidades. Esa es la otra Colombia, donde ganó Cepeda y donde el gobierno de Petro sembró subsidios, dependencia y asistencialismo. Me refiero a los departamentos de la región Caribe, Pacífico y Amazonía. Como también a los barrios del sur de Bogotá.

La tercera lección marca un punto de quiebre: una parte creciente de la ciudadanía dejó de identificar respuestas en los esquemas tradicionales de poder. No es un gesto emocional; es un síntoma estructural. Hay un cansancio evidente frente a una política que durante años ha repetido discursos sin resolver problemas.

Lo que está emergiendo no es solo un nuevo actor; es una nueva exigencia ciudadana. Más pragmática, menos ideológica. Más enfocada en resultados que en relatos. La seguridad, el costo de vida, la corrupción y la falta de oportunidades ya no admiten explicaciones: exigen soluciones. Y aquí está el verdadero desafío: la política que no entienda este cambio no va a desaparecer de inmediato, pero sí se va a volver irrelevante. Porque el país está entrando en una etapa distinta. Una donde la legitimidad ya no se construye con narrativa, sino con capacidad de ejecución. Una donde la confianza no se pide, se gana. Y donde el liderazgo no se declara, se prueba.

El resultado del 31 de mayo no define el futuro de Colombia, pero sí deja una advertencia inequívoca: el país no está dispuesto a seguir tolerando improvisación, corrupción ni fragmentación. Colombia no necesita más actores compitiendo entre sí. Necesita liderazgos capaces de ordenar, convocar y decidir, como Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo. El ego divide. La claridad construye. Y en momentos como este, la diferencia entre uno y otro no es retórica: es el futuro mismo del país.

En el tintero: Las ratas se están organizando para comprar votos en la región Caribe y el Pacífico. Hay que estar vigilantes y denunciarlos.

Conoce más

 

Duncan Darn(84992)06 de junio de 2026 - 11:17 p. m.
Pensar que si sube el Matagatos Destripador, no le alcanzará la nómina estatal para todos sus lamebotas. Ahí tas mal, Inda....
Yisus(87484)06 de junio de 2026 - 08:24 p. m.
Las ratas andan sueltas, por todos lado de Colombia, compran votos a doquier, justamente con el dinero que a chorros han introducido ilegalmente a la campaña del aboganster, del mequetrefe y del payaso, que provienen de fuentes nacionales (empresarios apátridas y narcotraficantes) e internacionales (extrema derecha USA y gobiernos lacayos de Latinoamérica).
maría(52338)06 de junio de 2026 - 07:54 p. m.
las ratas son ustedes
ALVARO MEDIMA(28865)06 de junio de 2026 - 06:41 p. m.
El candidato de EGO MONUMENTAL es el Tigre, el mismo que amenaza con devorarnos. Cepeda es tranquilo, reflexivo, convincente, pero algunos opinan que sus virtudes son el mayor peligro. ¡Adónde hemos llegado! De modo que dar BALÍN resulta mejor que redistribuir riqueza. E irrespetar los principios democráticos es SER DEMÓCRATA. Trump debe estar feliz de derechizar más a la Colombia goda que nos dejaron Laureanito Gómez y Albertico Lleras Camargo.
Mario Giraldo(196)06 de junio de 2026 - 06:29 p. m.
Abelardo representa un modelo que muestra fracasos en donde lo han adoptado: USA, Israel, Rusia, en Hungria lo sacaron a escobazos, en Ecuador y Bolivia están desesperados y no saben que hacer, en Argentina hambre y necesidades, .....Algunos Colombianos quieren ponerse a la moda....
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