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5 Oct 2022 - 5:30 a. m.

“Child-friendly”

Estas últimas semanas, las mascotas se han convertido en el centro de atención de la política nacional. Primero, un debate promovido por el fiscal general de la Nación que más que jocoso es vergonzoso, pues, más allá de que las mascotas se consideren miembros de la familia (tengo tres perritas y en mi caso también los son), el abuso de los recursos públicos para beneficiar a familiares y amigos es una práctica a todas luces despreciable. Segundo, el presidente del Senado, Roy Barreras, decidió convertir las instalaciones del Congreso de la República en una zona amigable para mascotas (pet-friendly). Y el último, protagonizado por el senador uribista Alirio Barrera, quien llevó su caballo al recinto, usando como excusa la medida del senador Barreras, con la evidente intención de llamar la atención.

Las reacciones no se hicieron esperar. El fiscal, como era de suponer, brindó explicaciones insuficientes, puesto que el hecho tiene poca justificación. Los congresistas animalistas y sus electores estaban felices con la medida, pero ofendidos por el espectáculo y “abuso” al caballo. Sin embargo, la respuesta más importante fue la de la senadora Angélica Lozano, quien resaltó la necesidad de implementar para los trabajadores de esa institución medidas de bienestar que prioricen la generación de espacios de atención integral (ojalá no solamente guarderías) para sus hijos.

Volver pet-friendly las instalaciones del Congreso no riñe con esta última propuesta, pero sí nos debe hacer reflexionar como sociedad sobre por qué tanto a legisladores como a gobernantes y empresarios no se les ocurre, antes de implementar cualquier otra medida de bienestar, propiciar una que beneficie específicamente a los hijos de trabajadores y ciudadanos en general. Las cifras muestran claramente la necesidad de disposiciones como esta. En Colombia existen cerca de cinco millones de niños entre los cero y cinco años, de los cuales solo la mitad reciben atención institucional y, para rematar, de ese 50 % solo 1,2 millones cuentan con servicio calificado que garantice sus derechos en educación inicial, recreación, salud, nutrición, cuidado, crianza y participación ciudadana.

El impacto de recibir una adecuada atención en los primeros años de vida es inconmensurable. Esta etapa es fundamental para el desarrollo integral, ya que es cuando se generan las conexiones neuronales para lograr una vida física y mentalmente saludable. Sin la correcta atención, aparecen problemas en el desarrollo imposibles de reparar en el futuro. Adicionalmente, el impacto sobre la productividad de la fuerza laboral es inmenso. Las mujeres que no pueden trabajar por tener que cuidar a sus hijos podrán regresar a hacerlo y las que lo hacen, conscientes de que sus hijos no están siendo atendidos adecuadamente, lo harán con gusto y tranquilidad, impactando directamente su rendimiento laboral.

Los países desarrollados tienen esto absolutamente claro y por eso, además de haber convertido la atención a la primera infancia en una política de Estado, los empresarios ofrecen servicios de educación y cuidado para los hijos de sus empleados, entre sus políticas de bienestar. Por esto, bienvenidas las mascotas, pero sobre todo, bienvenidas las iniciativas que favorezcan la educación y el cuidado de niños y niñas.

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