A LA ANIQUILACIÓN EN MASA DE CIviles que busca perpetuar la invasión de territorios en la Franja de Gaza, la llaman “guerra”. En realidad es un ataque con sofisticada tecnología militar contra un millón quinientas mil personas hambrientas y empobrecidas por un prolongado cerco que incluye el bloqueo económico.
Como ocurre en estos casos, el agresor, Israel, justifica sus acciones con el argumento de la defensa y la seguridad de su propia población. Es cierto que la organización Hamas ha atentado contra civiles israelíes utilizando cohetes artesanales. Sin embargo, los motivos de la agresión son más variados. En lo inmediato, el sector más belicista de la derecha israelí aspira a llegar fortalecido a las próximas elecciones generales. Pero también se trata de una fase avanzada de la estrategia que persigue extinguir, o por lo menos dilatar indefinidamente en el tiempo, la concreción del pacto que garantice el surgimiento del Estado palestino.
La ofensiva desatada va más allá de debilitar el poder de una de las facciones palestinas. Su verdadera finalidad es el arrasamiento luego del cerco de la población, a través de acciones de exterminio y terror en masa que incluyen el uso de bombas incendiarias (los obuses de fósforo blanco que quema todo lo que toca), el ataque a objetivos civiles, la escogencia de blancos en los que las víctimas mayoritarias son mujeres y niños, la asfixia de la ayuda humanitaria, el ataque a dependencias de las Naciones Unidas, la destrucción de toda infraestructura básica. Estos procedimientos se aplican luego del bloqueo que se instauró por medio de la construcción de un gigantesco muro y de la imposición de un régimen que les impedía a los palestinos acceder libremente a los alimentos básicos, a la electricidad y al suministro de agua.
La estrategia aplicada en Gaza se compone de las mismas fases aplicadas en desarrollo de las prácticas genocidas: cercar una población, reducir al máximo sus condiciones de vida y luego proceder a su aniquilación total o parcial. La historia de esa modalidad de exterminio o colonización es larga. Su versión más actual y elaborada fue la que empleó la Alemania nazi en los guetos y campos de concentración en Europa durante el genocidio perpetrado contra el pueblo judío. Por eso la agresión emprendida por la extrema derecha israelí causa repudio en el mundo y en sectores de la opinión pública de su propio país. La semana pasada en Tel Aviv, diez mil israelíes realizaron una marcha contra la ofensiva criminal y el cerco en que se mantiene a los palestinos. Entre los participantes había objetores de conciencia, intelectuales pacifistas y miembros de la oposición política que representan la memoria crítica del Holocausto.
En Colombia conocemos de cerca algunos de los métodos en los que se entrenan las fuerzas militares y el servicio secreto de Israel. A mediados de la década de 1980, mercenarios de ese país, encabezados por el ex coronel Yair Klein, entrenaron a los grupos paramilitares en el Magdalena Medio. Los mismos grupos que se convirtieron en un ejército paralelo que también ha aplicado la estrategia de arrasar, desplazar o cercar a poblaciones rurales, con fines de control territorial. Esas atrocidades, que a primera vista aparecen tan solo como manifestaciones de la violencia nacional, hacen parte de la sombría historia universal de la criminalidad en masa bajo la justificación de la defensa o la autodefensa.