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La gente del fútbol no puede ser indiferente ni hacerse la de la vista gorda ante los terribles síntomas de violencia y maltrato que se están viviendo en los últimos días en diferentes estadios del país.
Es gravísima la acusación generalizada de padres de familia y aficionados normales del comportamiento de unos mequetrefes vestidos de azul que se sienten dueños del estadio El Campín. Unos sujetos que amenazan y maltratan a quien no porte la camiseta de Millonarios en las tribunas, como si todo el que asiste a un espectáculo público tuviera la obligación de vestirse de una manera. Las quejas y denuncias públicas de quienes fueron vejados, intimidados y sacados del estadio por estos delincuentes darían para llenar páginas y páginas.
Sin embargo, ante la denuncia airada de quienes fueron maltratados no se ha visto una reacción de la junta directiva de Millonarios y, por ende, de quien los representa, el presidente Enrique Camacho, un autista total en el tema, un individuo que se toma fotos con las barras bravas y al que parece que le complacen los actos delincuenciales. Silencio, ese absoluto silencio, significa aprobación o miedo. Lo mínimo que se espera es un pronunciamiento oficial de los heliotropos directivos de Millos, tan estrato cincuenta, tan finos, que algún día debieran bajar a la madre tierra y darse cuenta de que hay problemas en la logística de sus partidos y que su silencio indica una complicidad con una conducta criminal.
Terrible la foto del hincha de Nacional blandiendo un cuchillo mataganado en plena tribuna del Atanasio, mientras a su alrededor los hinchas pelean. ¿Se habrá enterado el alcalde de Medellín de la foto y sabrá cómo funcionan las medidas de seguridad en el estadio? Se supone que no, porque hasta ahora no ha salido el primer comunicado de la Alcaldía repudiando los hechos y anunciando medidas contra este tipo de violentos.
Tremenda la actitud de Torrente, el técnico español del Once Caldas, quien fastidiado por los gritos de los hinchas contra Palomino subió a la tribuna a darse trompadas con ellos. Y después justificó su actuación diciendo que la “cabeza fría es para los científicos”. Uy, qué sujeto peligroso es Torrente con ese pensamiento de etarra.
Hay muchas más situaciones y hechos que merecen un llamado de atención. Pero sólo se citan estos tres por el momento. Son síntomas de descomposición social, de peligrosa violencia, son señales de que estamos próximos a otros muertos por culpa del fútbol.
La campaña de la Dimayor para atraer la familia al estadio no prosperará nunca si no se toman medidas que garanticen el orden y la seguridad.
