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Justicia

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Iván Mejía Álvarez
23 de diciembre de 2014 - 01:43 a. m.
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A pesar del estado de la cancha, los finalistas brindaron un partido complejo, lleno de variantes tácticas, emotivo, con el toque, la suficiencia en la conducción y la elaboración del Medellín y la solidez defensiva y las transiciones intensas de Santa Fe.

El agua perjudicó mucho más al visitante, que tenía problemas para poner la pelota en el piso y conectarse, pero que a pesar de todo nunca dejó de intentarlo. Finalmente empataron un partido que no debían perder, entregaron el título y se fueron con las manos vacías y sin copas, pero con la dignidad de haber sido protagonistas en los dos partidos con una propuesta de buen fútbol.

Tan válida es la intención del poderoso como la de Costas y Santa Fe. Los cardenales tuvieron la gran ventaja de llegar montados en el marcador, lo que les permitió esperar, entregar la pelota al rival y salir por los callejones en donde Medellín hacía agua por el adelantamiento de sus defensores dentro del plan ofensivo. Sin Ómar Pérez la transición es más complicada y termina siendo pelotazos para que corran Cuero —siempre con la cabeza pegada al piso— y Morelo —quien aprendió mucho de la mano de Costas—. La manera en que protege la pelota es una clara demostración de lo que le enseñó su técnico.

El cuento de Costas es ganador y respetable. Salir campeón en cuatro países (Paraguay, Ecuador, Perú y Colombia) da fe de que el hombre tiene su estilo y método y que consigue resultados. Además, es menester destacar la prudencia de sus declaraciones y el perfil bajo con el que trabajó en el equipo rojo.

Santa Fe inició este proceso bajo la dirección de Eduardo Méndez, cuando salieron de una inminente bancarrota que los iba a llevar a la disolución, hasta hoy cuando Pastrana ha afianzado la economía y ya tiene dos títulos en su haber.

Pensando en un futuro de Libertadores, a Santa Fe le sobran jugadores de la clase intermedia, esos que se usan para la Copa Colombia y nunca tienen chance en la Liga. Y le faltan dos delanteros potentes, buenos, que puedan complementarse. Hay que pensar que Pérez recibió su minuto de juego en la final, buen gesto de Costas, pero que cada día le cuesta más por la edad y las lesiones y que el chico Vargas es agradable sorpresa pero todavía no tiene el peso para conducir en torneos internacionales.

Justo y merecido campeón. El fútbol no miente, ganó el mejor del año.

P.D.: Feliz Navidad y Año Nuevo para todos los lectores de El Espectador y en especial para quienes nos regalan con su lectura los domingos y martes.

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