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El ex presidente de la Fifa Joao Havelange siempre defendió los errores arbitrales y dijo que por eso el fútbol era fútbol y no golf, baloncesto o cualquier otro deporte, añadiendo que los fallos de los jueces contribuían a hacer del fútbol un deporte más humano que cualquier otro.
Sin embargo, la romántica teoría de Havelange va contra la lógica y contra la realidad de este mundo comercializado, mediático y cruel donde se pide con insistencia más justicia, menos desigualdad. A fallos iguales, penas iguales, raseros idénticos, equidad en el castigo para unos y otros, para ricos y pobres, para grandes y chicos.
La televisión mostró una vulgar agresión de la tribuna en Sarajevo, Bosnia, contra un asistente del árbitro italiano Roberto Rosetti en el partido Bosnia-Portugal. Al asistente le llovieron objetos desde la tribuna y lo hirieron. Rosetti no suspendió el partido, pese a la andanada de cosas que caían desde las gradas. En Pasto, por un hecho similar, Óscar Julián Ruiz suspendió el partido y esto terminó decapitando al Pasto, enviándolo a la Primera B, y variando totalmente la clasificación a las finales y la tabla del descenso. Para un mismo acto, dos sanciones diferentes y tanto Rosetti como Ruiz están en todo su derecho para afirmar que aplicaron las normas vigentes que le dan al juez la potestad unilateral de determinar si continua el juego, lo termina o lo suspende. ¿Eso es justicia equitativa?
En Bogotá pitaron pena máxima contra el Pasto por un empujón, con agarrada de camiseta, forcejeo mutuo, de Centurión. Legalmente, en forma rigurosa, es pena máxima. Pero, ¿cuántos agarrones, empujones, estrujones, dentro de las áreas se presentan por partido? ¿Y cuántas terminan con penalti, como la de Bogotá? Peñuela, de infausto trabajo, la cobró y desde el miércoles los jueces del torneo colombiano están obligados a pitar todo contacto en el área y no hacerlo es vulnerar la equidad y la justicia.
Henry metió un gol con la mano que significó la eliminación de Irlanda. La vio todo el mundo menos el árbitro sueco. Para qué están en la cancha los asistentes, el cuarto árbitro, para qué sirve la tecnología en el fútbol si se permiten injusticias como validar un gol que determinó una eliminación y una clasificación. ¿Eso es justo?
No, Havelange está equivocado, errado, es un romántico, al fútbol tiene que llegar la justicia de la mano de la tecnología y los raseros iguales. Que las sanciones por actos punibles sean iguales para todos. La justicia en el fútbol no puede seguir siendo para los de ruana.
