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La cifra estaba alrededor de los 32 puntos.
Ese era el número mágico que se presumía como base para calificar en las semifinales de este torneo. Error, los cuatro primeros van a estar por 33 puntos y un poco más. Ya no hay enfrentamientos directos, por lo que la cifra rebasará la prevista.
Los invitados parecen ser los mismos que durante el último año y medio hacen gala de los mejores números y la mayor regularidad. No resulta extraño ver a Medellín, Júnior y Tolima peleando el cupo. Son líderes en reclasificación y sus campañas están llenas de constancia.
Tras el fracaso de la Copa Santander, el Medellín ha encontrado un aliciente anímico en la búsqueda del segundo título consecutivo y lo está logrando, pese a que su artillería parece silenciada por la ausencia de Jackson, con los argumentos tácticos defensivos y el don de mando de Leonel. Es curioso, los que se empecinaron en Gómez como técnico nacional, los que defienden a capa y espada, no han dudado en defenestrar las condiciones de Álvarez para ser técnico en propiedad y sólo les sirve como segundo de a bordo. Qué curiosa forma de torcerle el pescuezo a la verdad para acomodarla a sus caprichos personales. Leonel sirve para técnico nacional, igual que en su momento sirvió Maturana sin una sola experiencia importante ni títulos a su haber. Para unos era válida la inexperiencia, para otros no. Y a eso lo llaman coherencia.
El de los números redondos es el Tolima. Calladito, trabajador, sin la gran prensa y discreto en su labor, pero efectivo en el rendimiento, el técnico Hernán Torres sigue conduciendo al vinotinto y oro a números magníficos. Su nómina es buena, pero no es la mejor, su trabajo en la cancha ofrece aristas tácticas muy interesantes, dándole oportunidad a jugadores nuevos como Campaz, Martínez, Monsalve, Arizala y Medina, manteniendo la regularidad de algunos jugadores mayores, pero rendidores. El senador llora y llora, pero sabe hacer las cosas y mantiene la vocación de servicio del elenco de Ibagué. Ni pensar en lo que sería el Tolima sin Camargo a bordo.
Júnior, Santa Fe y La Equidad están ahí, metidos en la pelea, esperando consolidar dos de ellos su presencia en las finales. Los de Bogotá rinden y tras los devaneos con el fútbol estético, el técnico ha vuelto a lo suyo: defensa cerrada y esperar un error rival para sumar puntos. Cuando le toca salir a proponer depende demasiado de Pérez. Tan sólo ahora, por física necesidad, González entendió que dejar en el banco a Seijas por sus malquerencias personales, sus rencillas particulares, es poco serio y profesional.
El Cali, padeciendo hambre y con la nevera llena. Gastando millonadas en "troncos" extranjeros cuando abajo tenía a Muriel, Lizarazo, Ortega y Cía. Método del directivo 'cometero' que llega a los clubes a llenarse los bolsillos, así se arruine la economía del club.
Así pintan las finales. Queda una idea para proponer al debate: es mucho mejor cuatro que ocho. Los equipos dirán que no, pensando en el dinero de finales, pero como fútbol espectáculo menos da más. Menos equipos mediocres, más fútbol competitivo.
