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Millonarios (1)

Iván Mejía Álvarez

30 de abril de 2012 - 04:00 p. m.

En medio de su léxico intrincado y confuso, Ricardo Páez, el técnico venezolano de Millonarios, dijo la semana pasada varias cosas muy interesantes y que no han sido puestas a debate como debiera ser.

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Páez expresó, palabras más, palabras menos, que se sentía decepcionado porque le habían prometido un modelo a seguir, un derrotero, en la vía de conseguir un Millonarios que volviera a ser grande y que esos plazos y esas condiciones de trabajo no se habían cumplido, por lo que él consideraba que sus días en Millos estaban contados.

El tema no es si Páez es bueno o malo, cada cual tiene su óptica. Acá lo importante es el cuestionamiento al futuro de la nueva entidad y si los actuales administradores están cumpliendo el modelo propuesto en su momento por José Roberto Arango.

Aceptando eso sí que a la administración le tocó arrancar de menos, pues sus ingresos en muchos aspectos (taquillas, publicidad estática, patrocinios en la camiseta) ya estaban comprometidos por los bárbaros que arrasaron con el equipo, el nombre, la identidad, el patrimonio, la honradez y la vida de Millos. No dejaron sino deudas.

Por eso, Millos hoy no tiene canchas dónde entrenar y deambula cual gitano por aquellos sitios donde le prestan el terreno, carece de servicios elementales y sobrevive, simplemente eso, sin que lleguen los cambios a fondo que lo hagan grande como institución.

En su intento de tratar a Millos como una “compañía comercial”, ingresos contra egresos, Millonarios adoptó una política muy cuestionada en la contratación de jugadores al aplicar el “tope salarial”. En esta empresa nadie puede ganar más allá de determinado dinero que fijó la directiva compuesta por ejecutivos exitosos, políticos e inversionistas amantes del azul, pero absolutamente ignorantes en materia de cómo se maneja un equipo de fútbol. No se duda de sus buenas intenciones, pero sus políticas están erradas.

El tope salarial ha hecho que a Millonarios lleguen jugadorcitos de media petaca, rezagos de otros equipos, baratos y sin mercado. El hincha azul no tiene hoy a quién ver, no tiene quién le ilusione, su equipo es mediocre y sus contrataciones esta temporada son un absoluto fracaso, suplentes sin categoría, tres extranjeros en el banco y salvo Ramírez ninguno puede ostentar la condición de “refuerzo”. Es preferible un jugador bueno de cien pesos que cinco malos de veinte, pero eso no lo saben Noemí, Gaitán, Dávila y sus compañeros de junta, porque no saben de esto.

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Se acabó el espacio, prometo continuar con este tema para mostrar como Páez tiene razón: …Millos tiene buenas intenciones, pero esto no va bien”.

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