El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

Ondulante

Hasta hace dos meses el Real Madrid venía embalado, ganaba por goleada todos los partidos y tenía una tremenda cara de campeón de Liga gracias a los goles de la BBC —Bale, Benzema y Cristiano—, que constituían un tremendo ataque, y al trabajo de los volantes, entre ellos James, que alimentaban ese letal tridente.

PUBLICIDAD

El Barcelona, en los albores del año, pintaba bastos. Messi no marcaba y jugaba a media máquina, el equipo tenía fallas defensivas, a Suárez se le había olvidado el gol y la estructura defensiva daba grima con Piqué en plan de consorte de Shakira Business y con Alves haciendo bobadas en todos los partidos. En ese entonces Ancelotti había descubierto el fútbol y Luis Enrique no tenía idea.

Dos meses después el Barcelona es nuevamente el líder gracias a Messi y sus tripletas mágicas, Suárez en plan goleador recobró todo su potencial, Piqué vuelve a brillar y el elenco catalán está lanzado por el triplete de Copa del Rey, ya clasificado a la final; Champions, donde tiene una buena ventaja sobre el City, y la Liga.

Messi volvió a ser eléctrico, genial, en plan de asistidor, pero sin perder su comunión con el gol. Cristiano está francamente decaído, no encuentra puerta y mentalmente se le ve desesperado tras su separación de Irina.

Estas consideraciones vienen a cuento porque sirven para demostrar que el fútbol es un estado de ánimo cambiante, que nadie es campeón en diciembre —en las ligas europeas— y que el fútbol es un deporte ciclotímico en el que afortunadamente no hay invencibles y el manejo y la gestión de los egos en los vestuarios puede redituar en títulos y comportamientos que afectan lo deportivo.

Al italiano Ancelotti se le critica hoy que tiene una conducta laxa, de “maniflojo” se le acusa, y que el equipo se lo salta a la torera, le marca el paso. A Mourinho, su antecesor, con peores resultados y mas escándalos, se le acusaba de dictador y caprichoso. No parece existir el paso intermedio o el técnico ideal, todo depende de los resultados.

Tras el tropezón en Anoeta, Messi y Luis Enrique se declararon la guerra y la directiva medió por el bien del equipo. Hoy no se hablan, pero el técnico entendió que la prima donna es el argentino y que el futuro del equipo y el suyo pasa por no pelear con el “nene”.

La temporada entra en su fase clave. Al Real volverá en abril James, ya regresa Modic, y podría reencontrar el equilibrio del que carece en este momento.

El 22, en el Camp Nou, la Liga podría quedar sentenciada.

Conoce más
Ver todas las noticias
Leer más
Leer más