Rendirle un homenaje al sátrapa presidente de la Difútbol resulta tan ridículo y risible como pregonar que nuestra clase política se caracteriza por su amor a la patria y la ética.
Sus amigotes, los compañeros del mondongazo y la bandeja paisa, celebran 50 años de dirigencia deportiva de este individuo, el peor dirigente que haya tenido el fútbol colombiano en toda su historia. A González no se le conoce una idea, un programa, y su vida deportiva ha estado signada por la “mermelada”, las componendas burocráticas, los festines electoreros. Es fiel intérprete de la política de dividir para reinar, máximo exponente de la puñalada trapera y de la deslealtad con quienes lo ayudaron a subir en esa carrera donde nunca se escondió para traicionar a quienes le dieron de comer y le financiaron sus actos. Todos recuerdan lo que hizo con Saúl Velásquez, el expresidente de la Difútbol, y cómo se trepó en la Federación con el patrocinio de sus amigos de turno, retratados en varios libros y declaraciones, entre otros por el testimonio del hijo de Gilberto Rodríguez Orejuela.
Rendirle un homenaje a quien defendió la golpiza que le propinó Hernán Darío Gómez a una mujer, invitando e incitando para que le dieran el mismo trato a Piedad Córdoba, resulta insolente con la inteligencia, y el homenaje es sólo el producto de amiguetes enfervorizados que se postulan como prepagos a su diestra, ávidos de sus favores y de sus invitaciones. González Alzate fue repudiado por el país inteligente que vio en sus palabras del momento una acción canalla y bellaca, producto de un lenguaraz en pos de figuración, ávido de vitrina, lo único que parece colmar el apetito de este sujeto que no se detiene ante nada y que utiliza la violencia para intentar imponer su absoluta falta de talento.
No, González Alzate no merece ningún homenaje, merece sólo el repudio de quienes encuentran en él un sujeto que no debería estar en ningún cargo directivo y al que no debía ponérsele nunca atención, pues sus declaraciones son el retrato fiel de una persona de escasa cultura y de cero representatividad.
Miren cómo se encuentra el fútbol aficionado de Colombia, acabado; pregunten en las ligas por este sujeto; averigüen cómo maneja con látigo a quienes intentan discutirle: gana por lo civil o por lo militar, pues le gusta amenazar y vociferar.
No, un homenaje le harán sus contados amiguetes. La gente cuerda sabe bien que ese individuo tendría que estar fuera del fútbol por incompetente e inepto.