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Un estratega político busca ganar y, aun cuando algunos corren la línea ética, es importante decir que la mayoría no está dispuesta a hacerlo. No todos compiten transparentemente para ver un resultado favorable haciendo su mejor trabajo en cuanto a mensaje, publicidad y otros temas que influyen en la decisión del votante.
Si se observan detenidamente las encuestas presidenciales, la última de Atlas Intel del 29 de abril de 2026 muestra que en segunda vuelta Paloma obtiene un 49,1 % frente a Cepeda, quien obtiene un 40,6 %. En las demás encuestas, Cepeda está de primero y De la Espriella de segundo. No quieren correr ningún riesgo de perder y están tomando medidas como el ajuste al salario mínimo y tantas otras cosas que influyen en la decisión del voto, en su mayoría de corte populista.
Pensando maquiavélicamente en el mejor escenario para el triunfo de Cepeda, cabría la posibilidad de buscar hacer crecer a De la Espriella en primera vuelta, pues un triunfo de la izquierda no es tan claro si tienen que enfrentar a Paloma. Estos son los resultados de algunas encuestadoras: Invamer, del 15 al 24 de abril, le da en segunda vuelta a Cepeda el 54,6 % frente a De la Espriella con el 42,6 %; GAD3, del 20 al 22 de abril de 2026, dice que Cepeda tiene un 46 % frente a De la Espriella con un 35 %; y el Centro Nacional de Consultoría, cuyos datos publica la revista Cambio, entrega: Cepeda, 46,4 %; De la Espriella, 37,9 %. Con esos números, es casi imposible que De la Espriella triunfe. Entonces, ¿es posible inflarle los votos necesarios para pasar a segunda vuelta y así ganar más fácilmente?
Estamos a semanas de votar y lo que está en juego para todos los colombianos es muy importante: para unos, el futuro de la democracia, y para otros, la continuidad de un Estado benefactor que más temprano que tarde no aguantará. Pero eso muchos no lo tienen en cuenta, pues ven a muy corto plazo, y los ejemplos en América Latina de países que intentaron ese tipo de sistema demuestran que siempre terminó hundiéndose.
La decisión de los menos favorecidos no es fácil, pues a muchos no les gusta la manera de hacer las cosas de este gobierno y aun así lo apoyan. La sensatez de los colombianos está en juego y, más que todo, el futuro de sus hijos, porque las medidas a corto plazo han demostrado no ser siempre las mejores.
