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Los ataques entre candidatos que buscan casi lo mismo no deben considerarse irreversibles

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J. William Pearl
21 de abril de 2026 - 05:04 a. m.
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En la campaña presidencial que llevó a Donald Trump a la presidencia por primera vez en 2016, este le dijo a Marco Rubio en un debate en Detroit, “miren estas manos… si son pequeñas, algo más debe ser pequeño”. Es decir, se atacan para ganar y después se reconcilian. En Colombia aún no estamos acostumbrados a ese tipo de confrontación, pero cada vez estamos más cerca de ello.

En la fase de primera vuelta, el objetivo es pasar a segunda y para lograrlo, los candidatos intentan diferenciarse de quienes tienen propuestas similares. En esta campaña, los candidatos de derecha buscan marcar distancia frente a sus competidores más cercanos para captar una mayor proporción del electorado. En ese sentido, la primera vuelta empieza a operar como una especie de primaria al estilo estadounidense, donde el pragmatismo político cobra cada vez más relevancia.

Así las cosas, es probable que aumenten notablemente los ataques directos hacia candidatos que eventualmente podrían convertirse en sus aliados si comparten las mismas bases ideológicas. Por ello resulta fundamental que dichas confrontaciones no alcancen un nivel que haga inviable un respaldo posterior. Los ataques deben ser contundentes, pero también estratégicamente manejables; es decir, como dice el dicho, duro con el problema, suave con la gente.

En ese contexto, las críticas deberían centrarse en el historial político, las diferencias ideológicas y la experiencia en el sector público. En cuanto al historial, algunos argumentarán que la comparación entre Paloma y Abelardo es limitada, dado que este último no ha ocupado cargos en el sector público. Las diferencias ideológicas, por su parte, tienden a ser más sutiles, ya que ambos comparten visiones similares sobre el rol del Estado y el manejo del conflicto armado; en materia jurídica tampoco presentan divergencias significativas. Con respecto a la experiencia, Paloma tiene un conocimiento más profundo del funcionamiento interno del Estado, lo que le otorga mayor velocidad de ejecución frente a Abelardo. En un contexto donde se requiere actuar con celeridad, Colombia no puede darse el lujo de enfrentar curvas de aprendizaje en la conducción del gobierno.

La campaña será cada vez más competida, sin embargo, es clave que tanto Paloma como Abelardo comprendan que, aunque sus mensajes difieran, ambos compiten dentro de un mismo marco: la defensa de la democracia. Como decía Winston Churchill, “la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las demás que han sido probadas”.

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