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Mártir

J. William Pearl

20 de mayo de 2013 - 06:40 p. m.

Al salir libre, podría convertirse en líder de la oposición al gobierno. Andrés Felipe Arias tuvo una carrera política corta, exitosa y meteórica. Con carácter, logros e inteligencia de sobra, menos de cuatro años de figuración nacional y todo el apoyo de Uribe, se lanzó para ganar la nominación conservadora. Tal vez por su juventud e inexperiencia, se dejó seducir fácilmente. Se sintió muy seguro y pensó que vencería, pero no contó con los votos independientes y los no conservadores que no querían verlo triunfar. Algunas personas votaron por Noemí Sanín para atajarlo y la victoria de Noemí en esa consulta conservadora cambió la historia política del país. El candidato de Uribe era Arias, no Santos y después de la consulta conservadora, Uribe concentra sus fuerzas en la victoria de Santos. Arias, como pocos, representa al Uribismo. Como van las cosas, Andrés Felipe Arias va a ser convertido en un mártir, por las arbitrariedades del sistema judicial en su contra. Después de casi dos años de detención preventiva, no ha sido juzgado y continúa privado de la libertad. Al salir libre o aún desde la cárcel, podría convertirse en líder de la oposición al gobierno. 

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Agro ingreso seguro se convirtió en un dolor de cabeza para Arias, quien después de ser Ministro estrella pasó a  ser candidato y luego la cárcel. Parece que algunos de los beneficiados con AIS fueron luego  donantes de su campaña y algunos de sus colaboradores ya han sido condenados por ese escándalo. Arias, además de Uribista furibundo, fue arrogante: la foto en la que aparece con su entonces viceministro saliendo del Congreso luego de un debate sobre AIS, ambos riendo como si nada hubiera pasado, como diciendo nadie puede contra mí, fue la gota que rebosó la copa. Se equivocó y los votos de Noemí en la consulta conservadora lo llevaron a perder el poder. Es posible que su mayor pecado, su arrogancia, le hubiera costado la presidencia y eso está dentro de las reglas de la democracia.

Pero otra cosa bien distinta e inaceptable, es que el sistema judicial, abusando de la figura de detención preventiva, lo tenga preso desde hace casi dos años sin haberlo juzgado. ¿En que queda la presunción de inocencia que establece la ley? Contra Arias han argumentado que es un peligro para la sociedad, que puede influir en el sistema judicial y que existe el riesgo de que salga del país. Ninguna de las tres cosas es cierta. ¿Si el proceso ya surtió la etapa de instrucción, como podría Arias influir en los testimonios y pruebas que ya han sido presentados? ¿Que posibilidades reales tiene alguien de ¨volarse¨ y permanecer en el exterior cuando tiene una esposa y dos hijos pequeños? Arias asomó la cabeza, no supo esperar con paciencia, se convirtió en un símbolo, en un trofeo del uribismo y está pagando por ello un costo injusto, desproporcionado y vergonzoso para una sociedad que dice ser democrática y justa. 

A través del voto, los ciudadanos expresamos nuestras preferencias. No voté y nunca votaría por Andrés Felipe Arias, él no representa mi visión del país ni de la política. Las urnas son el veredicto de los políticos para los cargos de elección popular,  esa no es una función del sistema judicial. El tratamiento que la justicia le ha dado a Arias y a su familia es inhumano, injusto, lejano del espíritu de las normas que nos rigen y vergonzoso para un sistema que dice proveer garantías. 

Que sea el sistema judicial, como lo dictamina la ley, en un juicio imparcial y con garantías, no de esta manera,  el que determine si Arias es culpable o inocente.

También es probable es que el exministro salga de prisión cuando no sirva como una imagen del uribismo, cuando sea muy tarde para revindicar su nombre. Aquí hay una lección de vida y es que no se puede ser arrogante, es necesario respetar a todas las personas e instituciones por igual. No se puede pasar por encima de nadie. Tampoco existe enemigo pequeño. Como dijo Gabriel Garcia Márquez,  Un hombre sólo tiene derecho a mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarle a levantarse. 

Aun así, una actitud arrogante por si sola nunca justifica la privación arbitraria de la libertad, ni más faltaba. Eso habla mal, no de quien fue arrogante, que todos en algún momento lo hemos sido, sino de nuestro corrupto, politizado y descompuesto sistema judicial.

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