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No pude encontrar la cantidad de veces que los diferentes candidatos a la Presidencia de Colombia han nombrado a Iván Cepeda en los distintos medios e intervenciones a través de los cuales hacen llegar sus mensajes. Digo esto porque pareciera que el candidato a vencer fuera Gustavo Petro, pero él no está en la contienda, y es al candidato del gobierno a quien deberían nombrar. La excepción es Abelardo.
Algunos pensarán que los candidatos de la oposición están en unas “primarias” y que su contraparte no es Cepeda. Sin embargo, esto no es así: deben asumir que triunfarán y expresar cuáles son las enormes diferencias que tienen con el candidato del partido de gobierno; además de que los hace incomparables. La visión de los candidatos de la oposición difiere en diversos aspectos, pero para diferenciarse entre sí —y frente a su verdadero rival— deben ser bien claros en los asuntos que más preocupan a los votantes.
Según las diferentes encuestas, es bastante probable que Iván Cepeda pase a segunda vuelta. De los candidatos de la Gran Consulta por Colombia pasará solamente una persona a primera vuelta; si le va muy bien a segunda y será quien enfrente a Cepeda y los demás candidatos. Pero para ganar es necesario, desde ya, asumir el rol de ganador; no basta con decir “voy a ganar”, pues eso resulta escueto. Los candidatos deben creerlo y actuar en consecuencia. Para lograrlo, entre muchas otras cosas, deben nombrar al rival y diferenciarse claramente.
Por otro lado, Cepeda ha activado las emociones, pues una campaña no se gana solamente con argumentos fácticos; es fundamental apelar a la pasión del electorado. Resulta significativo identificar las distintas emociones que mueven al ser humano. Al nombrar al rival, se busca mostrarle al votante que debe decidir si quiere continuar (en este caso) o cambiar el rumbo. Por eso es clave atraer a la mayoría de los votantes; no hacerlo equivale a decir: acepto que no estás conmigo y que estás con mi rival político. Otro aspecto importante de nombrar al competidor, es hacer evidentes las diferencias y mostrarlas en términos de valores, creencias y doctrinas, exponiendo las diferencias que tienen.
Naturalmente, nombrar al otro candidato demasiadas veces no es recomendable, pues se corre el riesgo de darle reconocimiento de forma gratuita. Ese es el riesgo que se asume. Sin embargo, dependiendo de los niveles de conocimiento de los distintos candidatos y de su porcentaje de percepción negativa, cada campaña deberá decidir si conviene nombrarlo o no. La teoría política señala que hacerlo puede ser contraproducente en algunos casos, pero muchas veces es necesario mostrar las diferencias con claridad, como lo hace Abelardo.
El candidato a vencer para la oposición no es Gustavo Petro. Aun cuando exista el riesgo de darle “publicidad gratis” a Cepeda, es necesario que los votantes comprendan las enormes diferencias que tienen entre ellos de fondo. No es una decisión fácil, pero cabe preguntarse: ¿vale la pena esperar?
