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Renace el proyecto de construir el canal interoceánico que conecte al río Atrato con el Truandó. Ante la noticia, los pueblos étnicos del Chocó manifestan terror por el futuro de sus territorios comunales o colectivos. Inclusive, antes de que haya nuevos estudios de factibilidad, urge la salvaguarda estatal de esos espacios y de culturas como la afrobaudoseña a la cual persisto en documentar mediante los aprendizajes de dos niños de la región, Yeni y Caché.
Tomás, el padre de la niña, es un campesino comprometido con la salud de su finca. Un día tenía que ir por un racimo de plátano hartón y aprovechó para traerle a su esposa, Yoli, un bulto de tierra de hormiguero para que abonara su zotea. Al regresar, Tomás contó que había encontrado dos hormigales. Tenía que eliminar uno para que las arrieras no perjudicaran sus frutales. Sacrificaría a una de las reinas, pero evitaría usar venenos químicos a ver si lograba la certificación verde para sus cultivos. La extracción sería un sábado para que Yeni y Caché pudieran ver cómo él había aprendido a mantener a raya a esos insectos, aprovechando, al mismo tiempo, su aporte a la fertilización de los suelos. Confiado en la sabiduría que la abuela de Caché tenía para preparar remedios, le había contado de sus planes. La balsámica que Doña Fidelina le preparó era de equis, una hierba parecida a la culebra, amargosa y tigre, maceradas con biche. Pese a lo repugnantes que eran esos tragos, la noche anterior, Tomás hizo la toma prescrita. A la mañana siguiente, la amargura que adquiriría su piel espantaría a los soldados del hormiguero cuando se abalanzaran a morderlo y picarlo.
La primera en darse cuenta de lo especial que sería esa mañana fue Lasi, la perrita que Yeni adoraba. Estaba gordita y cercana a dar a luz, pero aun así le dejaba saber a Tomás que estaba lista para ocupar en la canoa su puesto de proera y viendo que los niños se subirían, más batía la cola. Tomás se puso pantalón y camisa de mangas largas y llevaba, machete, escopeta, palín y guantes.
Ya en la platanera, prendió la estopa de coco metida en una ollita que le serviría de ahumador para medio adormecer a las hormigas y les pidió a Yeni y a Caché que se mantuvieran alejados. Con el palín expuso los túneles, pero no halló a la reina. Parece que los soldados han aprendido a ocultarla aferrándose a su cuerpo. No obstante, al fin localizó el manojo de insectos y se lo llevó lejos para que el séquito lo siguiera. Reunido con los niños, les dijo que la toma le había dado náuseas y que ni tenía ánimos para tumbar el racimo que había pensado llevarle a Yoli, ni de apuntarle con su escopeta a algún animal de monte. Lasi puso sus ojitos gachos, frustrada por no poder mostrarles a los niños sus habilidades para recuperar presas.
Como era usual Caché, estaba sorprendido de lo que había visto. Se acordaba de que los apicultores cuidaban sus colmenas para sacar miel, polen, cera, jalea real y propóleo. Tomás resguardaba un hormigal para que a su entrada pudiera recoger la basura que las obreras sacaban de los socavones, consistente en bolitas como de arena. Era la que él le llevaba a Yoli o la que ella y los niños solían recolectar. Asimismo, Tomás aprovechaba los desechos del hormigal para abonar ya fuera sus matas de plátano y palos de borojó o sus cacaítos. Y dizque a esos campesinos había que educarlos para que cultivaran bien sus tierras. Más bien los agrónomos de las universidades deberían tomar nota de cómo los tomases sí lograban la tan cacareada sostenibilidad ambiental.
Nota: En su columna de Cambio, el pasado 15 de marzo, Daniel Samper Pizano objetó la escogencia de la indígena Aida Quilcué como posible vicepresidenta de Iván Cepeda. Escribió: “…Dios no lo quiera, pero ¿qué hacemos si fallece Iván?” Esa pregunta tiene un tufillo racista. La respondo escribiendo que, por el contrario, debemos enorgullecernos de que a ese cargo llegue una líder nasa, nieta de Manuel Quintín Lame, contendora excepcional del proyecto hegemónico de la derecha uribista vitaminada por Paloma y Abelardo, quienes –con seguridad– ven a Donald Trump un ungido de Jesucristo, de cuyas violentas inclinaciones etnocidas se espera una unificación del globo que privilegie a gentes blancas, judeo-cristiano-occidentales. La senadora Quilcué es un aliento para una civilización disidente, basada en la mitología de pueblos que trazan su genealogía tanto a las deidades del Trueno y la Vía Láctea, como a sus encarnaciones terrestres, el Jaguar y la Anaconda. Esa opción contribuye a que el candidato de la izquierda afiance su compromiso de subvertir el régimen de las exclusiones y los privilegios a cuya consolidación, desde el Departamento Nacional de Estadística, aportó Juan Daniel Oviedo por medio del subregistro demográfico de personas negras, afrocolombianas, raizales y palenqueras. En el censo de población, semejante resta de personas ha tenido efectos negativos sobre las políticas públicas en favor de las comunidades negras. De ahí que la actual reivindicación de las acciones afirmativas resulte ser una hipócrita inclinación de ese candidato hacia el centro.
*Jaime Arocha Rodríguez es doctor en antropología cultural, miembro fundador, grupo de Estudios Afrocolombianos, Universidad Nacional.
*Relato basado en las investigaciones que el antropólogo Carlos Andrés Meza lleva a cabo sobre hormigales, hormigas, tierra de hormiguero y zoteas en el Afro Chochó.
